viernes, 24 de julio de 2020

- La Biblia y los judeocristianos

“Sal de tu tierra”. Estudios sobre el extranjero en el Antiguo Testamento
El profesor Antonio Piñero (*) nos ofrece este interesante análisis del libro señalado en el título:
El estudio del Antiguo Testamento, tampoco tendría que ponderar nada, porque es claro y rotundo que el canon de libros sagrados del cristianismo primitivo tuvo enseguida dos partes: una estrictamente judía y otra judeocristiana. Desde el punto de vista cristiano y judío, utilizamos el vocablo “testamento” en el sentido de “alianza de Dios con su pueblo”. Para los judíos, la alianza divina era con su pueblo elegido, Israel; para los cristianos, con “su pueblo”, la humanidad entera. Algunas observaciones más al respecto:
El cristianismo primitivo no tenía más “Biblia” que la de Jesús, la Biblia hebrea, y tardó casi dos siglos en establecer –y de manera oficiosa, nunca oficial (en el catolicismo hasta el concilio de Trento; sí no es un error, en torno al 1560; en el protestantismo, desde la Reforma y en la práctica)– un elenco de libros sagrados propios, que se denominó con el tiempo “Nueva Alianza” = “Nuevo Testamento”.
El joven cristianismo, en realidad un judeocristianismo, nunca estuvo sin una Sagrada Escritura. El nuevo grupo religioso era en sus primeros momentos una mera rama del judaísmo que simplemente aceptaba como mesías a una persona concreta, y sostenía que había resucitado y que vendría pronto a la tierra a cumplir la misión truncada por su muerte. Pero apenas cuestionaba nada más de la teología judía. Por ello aceptó como algo obvio el conjunto de libros que hoy llamamos “Antiguo Testamento” como escritura sagrada. Los judeocristianos más antiguos, que creían en Jesús como el mesías, acabaron sintiéndose el verdadero Israel, el que de verdad comprendía esas Escrituras que profetizan al mesías. Esas Escrituras eran suyas, pues anunciaban lo que había ocurrido con Jesús.
Los cristianos no se interesaron por el Antiguo Testamento como objeto de estudio en sí, es decir, no se preocuparon de investigar cuál era el sentido histórico de los diversos libros, o secciones de ellos, sino que consideran fundamentalmente a este corpus, como un testimonio de la mesianidad de Jesús, como indiqué. Veían al Antiguo Testamento como una confirmación de la verdad de la figura y misión del Nazoreo siguiendo el esquema de “promesa” (Antiguo Testamento) – “cumplimiento” (vida y hechos de Jesús).
Normalmente, el texto citado del Antiguo Testamento por el cristianismo primitivo no es el hebreo (que más tarde sería considerado intocable por los judíos), sino casi siempre la traducción griega de los “Setenta” (el texto hebreo comenzó a verterse al griego hacia el 270 a. C. y tardó casi dos siglos en concluirse). Tanto el canon (o lista) como el texto del Antiguo Testamento no eran fijos en los primeros tiempos del cristianismo naciente; los primeros cristianos manejan ese texto con libertad –quitan, añaden, cambian—, de modo que podemos decir que había una cierta fluidez en su uso, es decir, el tenor estrictamente literal no era aún sacrosanto. Se buscaba el sentido del texto sagrado, pero la letra de él podía acomodarse a las circunstancias, por ejemplo, de una discusión teológica.
El cristianismo primitivo no se hizo problemas expresamente sobre la extensión del canon veterotestamentario, es decir el número exacto de libros que componían esa lista. Solamente cuando el Nuevo Testamento estaba ya formado en la práctica –poco después del 200 aproximadamente—, empezamos a encontrar algunas consideraciones sobre el valor del Antiguo Testamento. Los cristianos no aceptaron sin más la decisión de los judíos sobre su Biblia (el número de libros que contenía), sino que siguieron otra tradición (¿la del judaísmo de lengua griega, sobre todo alejandrino?) y consideraron canónicos a algunos libros de la traducción al griego de los LXX rechazados como espurios por el judaísmo oficial. Así, Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Ecle­siás­tico, Sabiduría, situación que dura hasta hoy entre los católicos.
Sin embargo, cuando consideramos el libro de Verbo Divino que comentamos, hay que decir que todos sus autores no están estudiando (y presentando los resultados de su estudio) el texto griego, sino el hebreo. Prácticamente todos conocen bien el hebreo bíblico, por lo que los estudios presentados en este libro se basan en ese texto.
 “El pueblo de Israel inició su andadura sabiéndose «el otro» en Egipto, y que la traumática experiencia del exilio en Babilonia fue crucial en la configuración de su identidad”.
“Las aportaciones recogidas en este volumen ofrecen un recorrido sugerente por el Antiguo Testamento, desde el Pentateuco a la literatura sapiencial pasando por los profetas, Rut, Daniel y Tobías. Una aproximación necesariamente plural, puesto que las circunstancias históricas de cada época conformaron diferentes sensibilidades hacia el extranjero”.
Y como la consideración de la pluralidad de enfoques está justamente de moda en nuestros días al abordar cualquier cuestión, el que el libro sea una obra de estrecha colaboración entre profesionales enriquece mucho al lector, porque sus miradas son plurales. Personalmente, aunque haya dedicado mi vida más al estudio del Nuevo Testamento, y me considere en verdad poco competente en el Antiguo, debo aquí confesar que mi respuesta a la típica pregunta: “¿Qué único libro se llevaría –si solo le permitieran llevarse uno– si Usted estuviera confinado en una isla desierta?”, siempre he respondido: La Biblia.
Como dicen los rabinos: “Setenta caras tiene la ‘Ley’ (de Moisés, sinónimo aquí de Biblia)… y cada uno puede encontrar en ella lo que desea”.
Afirma la editora literaria la Dra. Seijas que este volumen puede contribuir a desarrollar una mayor sensibilidad hacia los extranjeros y, en consecuencia, a participar en la conformación de una sociedad más justa, solidaria e inclusiva en la que todos los seres humanos tengan cabida y puedan llevar una vida digna.

(*) Antonio Piñero ha sido profesor de Filología Bíblica en la Universidad Complutense de Madrid, donde ha realizado una inmensa función magisterial, al servicio del texto bíblico y de su contexto cultural. Ha editado, solo o en colaboración, algunos de los textos más significativos del entorno bíblico (Apócrifos del AT, Apócrifos del NT, Biblioteca de Nag Hammadi, Evangelios canónicos y apócrifos...). Ver su web https://www.antoniopinero.com/inicio.html  

**Ficha bibliográfica: “Sal de tu tierra”. Estudios sobre el extranjero en el Antiguo Testamento. Editorial Verbo Divino (Estella; Navarra; España); junio 2020; ISBN 978-84-9073-585-5; 16x24; 237 pp. Número 76 de los libros publicados bajo los auspicios de “Asociación bíblica española”.


lunes, 13 de julio de 2020

- Almorzando con el Maestro

Junto al Lago de Galilea hay un lugar muy sugestivo que nos recuerda el actuar de Jesús: el sitio donde, tiempo antes dio de comer a una multitud, multiplicando los panes y los peces para todos; ahora Jesús resucitado prepara una comida para los discípulos y los invitó a almorzar con él …. así lo explica el evangelio de San Juan: “Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: “Nada”. Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca… Echaron la red, y no tenían fuer zas para recogerla por la gran cantidad de pecesCuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan. Jesús les dijo: traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos no se rompió la red. Jesús les dijo: “Venid a comer. …. Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos”. (Juan 21, 1 ss).
Y allí mismo, como en los postres, Jesús le confió a Pedro el “ser la piedra” para así edificar la nueva comunidad (la Iglesia). El evangelio sigue así: ““Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Apacienta mis corderos. Volvió a preguntarle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: -Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: -Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17).
Les invito a conocer este precioso lugar, llamado Tabgha, junto al Lago de Galilea.
En la iglesia situada junto al Lago de Galilea, llamada “Iglesia del Primado de Pedro” hay una gran roca que la tradición señala como el lugar en que los discípulos desayunaron con Jesús después de su resurrección. 
Allí Jesús dio a Pedro el mandato: “Apacienta mis ovejas”, y fuera de la Capilla, en la parte de pared lateral que da al Mar de Galilea, también es interesante fijarse en los escalones excavados en la roca, aunque hoy muy gastados «sobre los que, como nos transmite la peregrina Egeria, estuvo de pie el Señor”. Además, los escalones referidos por la peregrina Egeria (años 381-384) se pueden observar en el exterior, en el lado sur de la capilla, protegidos por una verja.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en 1969 han confirmado que bajo la iglesia del Primado se encuentran restos de dos santuarios más antiguos: del primero, datado a finales del siglo IV, quedan visibles algunos fragmentos de sus paredes con revoque blanco; el segundo, construido cien años más tarde en piedra basáltica, es reconocible en los muros perimetrales. Los dos tenían como centro una roca llamada por los peregrinos ‘Mensa Christi’, que sigue venerándose en la actualidad delante del altar como el sitio del almuerzo con los Apóstoles.

Según la tradición, ahí preparó Jesús unas brasas para el almuerzo de los discípulos a la vuelta de la pesca. Al parecer, fue aquí donde le pregunta a Simón, “Pedro, ¿me amas?”, como “deshaciendo” las tres negaciones anteriores del Apóstol. Una vez más, este rincón de la Tierra Santa tiene que ver con el amor y el discipulado. Cristo resucitado vuelve a Galilea, que simboliza nuestra vida cotidiana; y él está ahí. A pesar de nuestras negaciones, él nos acepta siempre. Aunque en el momento de la verdad le hubiese traicionado el amigo más cercano, infinita es su misericordia y su perdón.

Un texto atribuido a la peregrina Egeria, quien visitó Tierra Santa en el siglo IV, nos ofrece un testimonio elocuente de la memoria cristiana sobre el lugar santo: «no lejos de Cafarnaúm se ven los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor. Allí, junto al mar se encuentra un terreno cubierto de hierba abundante y muchas palmeras y, junto al mismo lugar, siete fuentes manando de cada una de ellas agua abundante. En este lugar el Señor sació una multitud con cinco panes y dos peces. La piedra sobre la cual Jesús depositó el pan ha sido convertida en un altar. Junto a las paredes de aquella iglesia pasa la vía pública, donde Mateo tenía su telonio. Sobre el monte vecino hay un lugar donde subió el Señor para pronunciar las Bienaventuranzas».

Centraremos nuestra atención en el primer sitio enumerado por Egeria: «los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor». Según esta tradición, se refieren al sitio desde el que Jesús habría indicado a los de la barca que echaran la red a su derecha, durante la aparición del Señor resucitado que narra san Juan al final de su evangelio: “Estaban juntos Simón Pedro y Tomás —el llamado Dídimo—, Natanael —que era de Caná de Galilea—, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Les dijo Simón Pedro: —Voy a pescar. Le contestaron: —Nosotros también vamos contigo. Salieron y subieron a la barca. Pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, se presentó Jesús en la orilla, pero sus discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús. Les dijo Jesús: —Muchachos, ¿tenéis algo de comer? —No —le contestaron. Él les dijo: —Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y casi no eran capaces de sacarla por la gran cantidad de peces. Aquel discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: —¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ató la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces. Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan. Jesús les dijo: —Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos no se rompió la red. Jesús les dijo: —Venid a comer. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Tú quién eres?», pues sabían que era el Señor. Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos”

El relato de Egeria no afirma que existiera una iglesia en la orilla donde se apareció Jesús, pero un texto tardío -de los siglos X-XI- atribuye a la emperatriz santa Elena la construcción de un santuario dedicado a los Apóstoles en el lugar donde el Señor comió con ellos. Algunos documentos a partir del siglo IX lo denominan indistintamente ‘Mensa, Tabula Domini’. Por un testimonio de la Edad Media, sabemos también que el templo estaba dedicado en particular al Príncipe de los Apóstoles: «al pie del monte está la iglesia de san Pedro, muy hermosa pero abandonada», afirma el peregrino Saewulfus en 1102. Tras diversas vicisitudes, fue definitivamente destruida en 1263. 

La actual, levantada por los franciscanos en 1933 sobre los cimientos de la antigua capilla, se llama iglesia del Primado para recordar el sitio donde Jesús confirmó a Pedro como pastor supremo de la Iglesia. Así lo narra el evangelio “Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Apacienta mis corderos. Volvió a preguntarle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: -Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: -Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17).
La Iglesia del Primado de Pedro (abierta todos los días de 8 a.m. a 5 p.m.) es una capilla franciscana que incorpora vestigios de una iglesia del siglo cuarto y parte importante de la “mesa de Cristo”, hecha en piedra donde Jesús sirvió a sus discípulos un desayuno a base de pescado después de que desembarcaron en la orilla.
El Ministerio de Turismo de Israel construyó el paseo de Tabha-Cafarnaún para conectar la iglesia con la de la Multiplicación de los Panes y los Peces, que está cerca. 

Esta última se pueden ver mosaicos del período bizantino que muestran sucesos que tuvieron lugar aquí, según las escrituras cristianas.
Aquí fue donde, según una antiquísima tradición, Pedro y sus compañeros, después de la Resurrección del Señor, llenaron de abundante pesca las redes, después de una noche inútil, a la voz del Señor que, desde la orilla, les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

Y aquí mismo, como nos cuenta el Evangelio, el Señor les tenía preparado el desayuno -peces asados- y Pedro va a ser nombrado y constituido el primer Papa, pero primero es puesto a prueba. Jesús lo examina de Amor. Y parece que Jesús se solaza en el triple interrogatorio sobre lo mismo: “¿Pedro me amas más que éstos?” Y esto por tres veces… Jesús conoce a Pedro y no duda de su amor, lo que pasa es que Pedro le había negado por tres veces días antes, en el atrio de Jerusalén, y Pedro comprende que Jesús quiere doblegar la presunción de este hombre tosco y rudo.
Por eso contesta ahora sin arrogancia, con cierta timidez: «Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo». Jesús queda satisfecho con la reacción de Pedro y por ello le confía la difícil misión de proseguir su obra a través de los siglos. La fuerza del Resucitado nunca faltará a la Iglesia, pero ésta quedó confiada a un hombre -más o menos digno- que a «dedo», sin ningún mérito, ha elegido Jesús.
San Juan asocia este relato de la entrega del Primado con la pesca milagrosa: Yo os haré pescadores de hombres, pues Jesús, en esa piedra -Mensa Christi- les tenía preparado un almuerzo, con un pez, -no de los pescados-, que él estaba asando, que se lo ofrece a los discípulos, juntamente con pan. Los primitivos cristianos, -en cuyo seno se escribieron los evangelios (repetimos)-, significaban en estos dos elementos; pan + pez, el símbolo del banquete eucarístico. Esto lo hemos visto también en el mosaico del altar de la Iglesia de la multiplicación.
Es como si a orillas del lago compartiera el Resucitado una singular Eucaristía con este pequeño grupo de incondicionales, antes de ceder a Pedro el liderazgo de su comunidad. La Iglesia, pues, cimentada sobre el misterio eucarístico, realiza su andadura aceptando el liderazgo de Pedro. Es una gran barca, que guiada por su timonel -Pedro- intenta meter en sus redes a cuantos peces -creyentes- pueda del mar -el mundo-. Y esto sólo es posible si pescadores -creyentes- y timonel se nutren del alimento (pan + pez) de la Eucaristía = Jesús Resucitado.
IGLESIA DEL PRIMADO
Por eso es interesante fijarse, dentro de la Capilla en la roca debajo del altar, donde estaban las brasas y los peces. Por eso se llama a la roca «Mensa Domini», la Mesa del Señor, como también puede simbolizar la «roca» que es Pedro. Sobre ella muchos peregrinos apoyan la cabeza en señal de adoración a Jesús. Aquí estuvieron rezando Pablo VI y Juan Pablo II.

1- Roca sagrada, Mensa Christi. (ver gráfico)
2. Restos de la iglesia de los siglos IV y V

3. Banco rocoso y pasos mencionados por Egeria.
4. Seis piedras en forma de corazón llamadas Doce Tronos (período bizantino y árabe del siglo V-IX d. C.).
La primera multiplicación de los panes
“Y al desembarcar Jesús vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer”. El les contestó: “Dadles vosotros de comer”. Ellos le dicen: “¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” El les dice: “¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.” Después de haberse cerciorado, le dicen: “Cinco, y dos peces.”
Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres. (
Marcos 6,34-44).

Tabgha (Ein Sheva) es una zona situada en la costa norte-occidental del Mar de Galilea en Israel. Tradicionalmente se conoce como el lugar del milagro de la multiplicación de panes y peces (Marcos 6: 30-46) y por la cuarta aparición de la resurrección de Jesús (Juan 21: 1-24) después de su crucifixión.
El primer edificio construido en Tabgha fue una pequeña capilla construida en el siglo IV (alrededor del año 350) por el judío converso al cristianismo, José de Tiberíades. Según Epifanio, José era un contemporáneo del emperador Constantino, un erudito rabínico, miembro del Sanedrín y discípulo de Hillel. Después de su conversión, el emperador Constantino le dio el rango de recuento, y le dio permiso para construir iglesias en la Galilea. En concreto, en las ciudades judías donde no había una comunidad cristiana, y en la Galilea, incluido el Mar de Galilea, que era una zona con mayoría de población judía. Este fue probablemente el santuario descrito por la peregrina Egeria a fines del siglo IV. 
El mosaico de los peces y los panes se encuentra al lado de una gran roca; algunos estudiosos del Nuevo Testamento y constructores de la iglesia original especulan que Jesús se puso de pie sobre esta piedra cuando bendijo a los peces y panes antes de alimentar a la multitud que se reunió para escucharlo.





jueves, 9 de julio de 2020

- El Rio Jordán y el bautismo

Ir en peregrinación con un grupo de fieles católicos al Río Jordán siempre entraña complicaciones: todos quieren ir a un lugar bonito, donde se pueda llegar a tocar el agua y poder llevarse agua del Jordán en alguna botella...y/o sumergirse en el Rìo… pero esto no es fácil para personas mayores y un autobús de 30-40 peregrinos… hay que poder bajar del bus cómodamente, acercarse al Rio sin peligros y poder tener alguna comodidad (baños, asientos, sombra, comprar agua..) y más aún cuando el lugar se encuentra a menos 212 metros bajo el nivel del mar… con alta humedad y temperaturas de 30 grados o más

Israel tiene este lugar ideal para grupos de peregrinos (estacionamiento de buses, baños amplios, sombra, lugares para sentarse con aire acondicionado… compra de agua y toda clase de souvenirs… etc) y se llama Yardenit, situado justo a la salida del Mar de Galilea, cuando el Jordán emprende el camino hacia el Mar Muerto.

Pero llegar a Yardenit (lugar muy bien acondicionado, con toda clase de comodidades) tiene sus desventajas… ejemplo, unos quieren imitar a los grupos bautismales, protestantes y evangélicos y sumergirse en el Rio para “bautizarse otra vez”, embutidos en su túnica blanca, esperando que el sacerdote haga lo mismo que los pastores protestantes y baje al agua del rio con su túnica y vaya sumergiendo uno a uno en las aguas del Jordán diciendo algo así como: “Andresito, yo te bautizo en el nombre del Padre..)  cosa que no casa con la comprensión católica del Bautismo (que se recibe una sola vez en la vida, se renueva cada año por la Pascua y en otras ocasiones, pero uno no se “vuelve a bautizar”).
Los grupos católicos se quedan en la orilla donde se hace una celebración de la Palabra, oraciones, renovación de las promesas bautismales y aspersión con el agua del Jordán (normalmente se corta una rama y con ella se hace la aspersión a todos los del grupo...).

Pero.. muy cerca de ellos ven a los grupos evangélicos, todos con su túnica blanca, entonando hermosos cánticos a voces, con un pastor que a gritos “predica bonito”, “enardece los corazones” y, como su fuera “el dia de bautismos de adultos,” los “vuelve a bautizar, a sumergirles en las aguas del Jordán” y, claro, la ceremonia resulta espectacular (sobre todo si la inmersión se realiza de espaldas y sumergiendo la cabeza entera…con sensación de que te ahogas y gritas ¡!) y a cada “bautizo” el grupo evangélico responde con aclamaciones, cantos y aleluyas…
Así que el pobre “padrecito católico” queda muy mal y sus fieles, con cara larga, parece que quisieran pasarse todos a cualquiera de los grupos evangélicos que allí “lucen de verdad”.
Vean el Rio Jordán, y vean el Yardenit –lugar ideal para bautismos-, seguro, les gustará..
El río Jordán un tiene de 360 km de longitud total. Nace en el Monte Hermón (2.814 ms) desde donde fluye hacia el sur de Israel y desembocando en la costa norte del Mar de Galilea
Desde este lago desagua cerca del kibutz Degania, en la costa meridional del Mar de Galilea, manteniendo su rumbo hacia el sur. En este trecho el Jordán se convierte en la frontera entre Jordania e Israel
A pesar de sus modestas dimensiones, el río Jordán es el río más caudaloso y largo de Tierra Santa, junto con el Orontes. Fue, del mismo modo, escenario de muchos eventos bíblicos.
Jordán significa «el que baja», porque pasa de una altura en su nacimiento a 520 ms a una de -392 m bajo el nivel del mar cuando desemboca en el mar Muerto.
Según el Evangelio de Marcos, fue el río Jordán donde fue bautizado Jesucristo. San Marcos relata en sus evangelios ese hecho de la siguiente manera: "Y sucedió en aquellos días que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan el Bautista en el Jordán. E inmediatamente, al salir del agua, vio que los cielos se abrían, y que el Espíritu como paloma descendía sobre El; y vino una voz de los cielos, que decía: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido."

LLegamos a Yerdenit:
Yardenit es un sitio muy turístico, de esos que recibe buses llenos de turistas. Pero el sitio se presta ya que tienen toda la infraestructura necesaria para recibir un poco más de medio millón de turistas y peregrinos.
En las paredes del sitio se puede leer en más de 80 idiomas el verso bíblico que relata el bautismo de Jesús: “Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” Marcos 1:9-11.
El Río Jordán sale del sur, de lo que llama la Biblia el mar de la Galilea. El “Mar de la Galilea” es realmente un lago y es el único lago de agua dulce en todo Israel. El río en el Valle de Jordán está a 210 metros debajo del nivel del mar y cuando llega al Mar Muerto baja a más de 400 metros, siendo la mayor depresión del planeta.
El Río Jordán sirve de frontera entre Israel y Jordania. Las montañas de los Altos del Golán eran parte de Siria hasta la guerra de los 6 días en 1967. Con el acuerdo de paz de 1994, Israel se compromete mandar la mayor parte del agua del Mar de la Galilea y el Río Jordán a Jordania. La acumulan en el invierno cuando llueve y luego la mandan.
El Valle de Jordán fue el paso obligado de Asirios, Babilonios, Griegos, Romanos, el Imperio Otomano y hasta los Británicos. Y todas estas culturas dejaron algún vestigio por los últimos 19 mil años. Probablemente no existe otro lugar del mundo donde todos los grandes imperios hayan desfilado. Dos movimientos importantes fueron creados en la zona del Valle Jordán. El primero es el cristianismo, ya que Jesús vivía por el Mar de la Galilea. El segundo fue el movimiento de los Kibutz en los tiempos más modernos.

El bautismo de Jesús realmente fue en “Betania más allá del Jordán” (Al-Maghtas) en el país de Jordania. Esta parte del río Jordán está a nueve kilómetros al norte del Mar Muerto en el este del país. El sitio arqueológico se divide en dos: Jabal Mar-Elias (Cerro de Elijah) y el área de las iglesias de San Juan el Bautista cerca del río. Betania más allá del Jordán tiene piscinas y sistemas de recolección de agua, además de cuevas, un monasterio, iglesias y una estación para peregrinos, hay una larga tradición, que se remonta a la época bizantina, de bautismos en masa, que tuvieron lugar cerca del sitio.
Lean lo que escribió en su Blog una persona que visitó el lugar: "La entrada al centro turístico Yardenit en el río Jordán en Israel es gratis, pero si te quieres bañar debes alquilar o comprar una túnica blanca que tiene una imagen de la Biblia en su frente. Alquilar tiene un costo de $10 y comprar cuesta $25. Debes usar un traje de baño abajo de la túnica.
El sitio tiene baños con duchas para que las personas se cambien antes y después de su bautizo. Aparte te dan una toalla y un certificado como parte de tu kit bautismal. Por supuesto, también venden DVDs de la ceremonia del visitante viviendo su bautismo al igual que Jesús. Las facilidades tienen buen acceso para las personas con discapacidad y las personas mayores con problemas para caminar.
La mayoría de mi grupo se metió al río Jordán para su bautizo pero como yo no soy muy religiosa, sólo metí los pies. Me pareció buena temperatura el agua, pero los que se metieron completamente se quejaron que estaba frío. Fuimos en octubre que es el principio del otoño en Israel.
La tienda de souvenirs de Yardenit es inmensa. Aproveche para probar los deliciosos higos que crecen en la zona. Tienen buenos productos pero muy caros, puedes conseguirlos más baratos en los mercados. Venden agua del río Jordán envasada y envases libres para que la recolectes. Igual puedes llevar tu propio envase y llenarlo si deseas gratis..."

                                            .El curso del Rio Jordán visto desde un avión


miércoles, 8 de julio de 2020

- La mesa de Cristo en Nazaret

Los años de la vida oculta de Jesús en Nazaret, y el silencio de los evangelistas, es algo que resulta muy llamativo. Podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; o de la capital de la región: Séforis, a sólo 5 km de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años..
Las comidas de Jesús con la gente:
   Los evangelios narran diferentes encuentros-comida de Jesús con todo tipo de personas en los tres años de su vida pública. Jesús gustaba de sentarse en la mesa y compartir con todos; incluso su despedida la realizó también sentado en una mesa, en una cena, acompañado de su Madre y sus discípulos, conocida como “la última cena”.
   En los largos años de su vida en Nazaret (tenía unos 30 años cuando dejó su pueblo de la infancia y la juventud), es fácil imaginar los diversos encuentros que Jesús realizó con sus amigos, vecinos, compañeros en algún lugar de Nazaret que permitiera el encuentro fraterno, la amable conversación, el compartir juntos…
   Y, visto que Jesús gustaba de celebrar estos encuentros alrededor de una mesa, resulta muy evocador el poder conocer este rincón del antiguo Nazaret, la “Mesa de Cristo” (Mensa Christi), una redonda mesa de piedra situada (en tiempos de Jesús) en un paraje con la agradable sombra de los árboles, junto a un riachuelo de agua fresca… Un lugar tranquilo para el encuentro, el diálogo y el compartir algo de comida y bebida –el agua cristalina del riachuelo- bien lo facilitaba..


   Veamos este lugar santo de Nazaret (poco conocido por los peregrinos), que evoca a Jesús joven, rodeado de compañeros y amigos, sentados en la mesa… Recordemos que entre los 12 discípulos que Jesús eligió, varios eran de Nazaret, y muy cercanos, como Judas Tadeo, primo de Jesús…

    Nazaret es la ciudad árabe más grande de Israel, con una población mixta de árabes cristianos y musulmanes. Esta ciudad de iglesias es una importante atracción turística y lugar de peregrinación para los cristianos del mundo, por ser el lugar de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel anunció el nacimiento de Jesús a la Virgen María.
   Las tres décadas que Jesús pasó en Nazaret son comúnmente llamadas los "años de silencio". A lo largo de los siglos, los cristianos han buscado sitios en Nazaret para conmemorar los acontecimientos de la vida de Jesús. 
La iglesia, que se puede visitar a petición, se encuentra dentro del zoco árabe. Está coronada por una pequeña cúpula y en el ábside, en lugar del altar, se encuentra el banco rocoso de forma paralelepípedo, marcado por varios graffiti dejados por la veneración de los peregrinos.
Esta pequeña iglesia franciscana contiene una losa de piedra de 3,6 metros de largo y tres metros de ancho que según la tradición era la roca sobre la que Jesús comió con sus discípulos.
    Mensa Christi, en latín para "Mesa de Cristo", contiene una losa de granito que, según la tradición, era la roca sobre la que Jesús cenó con los discípulos después de su resurrección. Los franciscanos inicialmente construyeron una capilla en este sitio en la segunda mitad del siglo XVIII. La iglesia actual, una renovación de la capilla anterior, se completó en 1861. El gobierno israelí, en un proyecto conjunto con el municipio local, recientemente completó una renovación y restauración de $ 80 millones de la ciudad vieja de Nazaret para las celebraciones del Milenio del año 2000. Una parte de este proyecto fue la restauración de los frescos y la cúpula de la iglesia.
    Ubicación La iglesia está ubicada dentro de un barrio denso, sobre el distrito de la iglesia, en la ciudad vieja de Nazaret. Está al norte del Convento de las Hermanas de San Carlos Borromeo, y cerca de la Iglesia Maronita de la Anunciación y el Centro Ecuménico de Cuidado Infantil Cristiano. Se puede acceder solo a pie por una empinada carretera desde el convento carmelita, o por encima de la iglesia de la sinagoga. Este tipo de pasarela es típico de callejones pequeños en Nazaret y otras aldeas árabes en Israel. 

También es donde Jesús pasó su adolescencia, y en la aldea cercana de Caná, donde realizó el primero de sus milagros. La principal atracción turística de la ciudad es la Iglesia de la Anunciación, a la que todos los peregrinos y turistas acuden directamente. Después, dé un paseo por el distrito del mercado de la ciudad vieja. Este lugar animado, ruidoso y bullicioso hace un buen contraste después de visitar todas las grandes iglesias.

    La iglesia franciscana Mensa Christi (Mesa de Cristo) tiene un interior bastante pequeño, pero contiene una losa de piedra de 3,6 metros de largo y tres metros de ancho que se cree que el Cristo resucitado comió con sus discípulos.

La iglesia actual, construida sobre el sitio de una iglesia más antigua, data de 1861 y ha sido renovada en los últimos años. La iglesia generalmente se mantiene cerrada con llave, pero el guardián normalmente está cerca, y usted puede ingresar al pedir la llave.