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viernes, 31 de julio de 2020

- La Posada del Buen Samaritano

"Sabemos que éste es el sitio donde se desarrolló la Parábola del Buen Samaritano porque se encuentra entre Jerusalén y Jericó -tal como relata el Nuevo Testamento-, y hemos hallado aquí objetos de la época del Segundo Templo de Jerusalén, probablemente del tiempo de Jesús", explicó el arqueólogo Yuval Peleg. En el lugar fueron descubiertos utensilios de barro, vasijas de piedra y vidrio y monedas de la época, además de imponentes mosaicos que pavimentan el suelo de la antigua basílica y que han sido recientemente restaurados.

El pasado mes de junio 2009 fue inaugurado en Israel el Museo del Buen Samaritano, que alberga una colección de mosaicos encontrados en las sinagogas judías y samaritanas y de algunas iglesias en la Ribera Occidental y en Gaza.
Se trata de una colección fruto de nueve años de excavaciones en la zona y que da cuenta de la riqueza cultural y artística de esta región. El Museo del Buen Samaritano está situado en la carretera de Jerusalén a Jericó, cerca de la antigua ciudad de Ma'aleh Adumim, un asentamiento israelí y ciudad ubicada al este de Jerusalén, en la Ribera Occidental y al filo del Desierto de Judea.

El lugar es conocido porque se cree que es donde se emplazaba la posada del Buen Samaritano que se menciona en el Nuevo Testamento. El museo es gratuito de lunes a viernes y resulta interesante en cuanto a recopilación de antigüedades con valor histórico. 
El museo cuenta con dos espacios expositivos, y los mosaicos se pueden ver tanto al aire libre como en el interior del edificio. Hay hallazgos importantes, como unas inscripciones sagradas que datan de los siglos II y III antes de Cristo. Altares tallados en madera, reliquias religiosas, balaustradas y otras antigüedades de diversos templos completan este Museo del Buen Samaritano.
Además de las piezas que podemos ver en el Museo del Buen Samaritano, merece la pena el lugar en sí, ya que cuenta con cuevas antiguas y pozos, y una iglesia bizantina reconstruida. Es probable que también fuera el lugar donde se ubicó el palacio de Herodes.
En la época de Jesús era notorio el peligro y la dificultad que caracterizaba al camino de la Galilea a Jerusalén (especialmente desde Jericó a Jerusalén) por causa de los constantes robos y ataques a los peregrinos judíos que subían de la Galilea a Jerusalén al menos tres veces por año.
El camino se iniciaba en Jerusalén a unos 800 metros de altura sobre el nivel del mar, y bajaba unos mil metros hasta alcanzar Jericó, en el valle del Jordán, a 260 metros bajo el nivel del mar.
La antigua posada en imágenes de hace un siglo
La parábola del Buen Samaritano descrita en Lucas 10, 30-37 no es un hecho histórico tal como concebimos la historia en nuestros días. Sin embargo, si analizamos esta parábola podremos llegar a varias conclusiones acerca del contexto geográfico, sociológico y religioso de la época.
En primer lugar, los samaritanos y los judíos constituían rivales irreconciliables; unos a otros se consideraban herejes. Los judíos fundamentaban sus razones en que los samaritanos hacían su culto en el monte Gerizim en lugar del Templo de Jerusalén. Además, solamente aceptaban a Moisés como único profeta, y no reconocían la tradición oral ni el libro de los Profetas ni el de los Escritos.
Los judíos de la Galilea, y Jesús entre ellos, en sus peregrinaciones podrían hacer el camino más corto y práctico desde la Galilea a Jerusalén transitando por las montañas de Samaria. Y preferían caminar por la ribera del Río Jordán (muy probablemente del lado de Jordania de nuestros días), extendiendo así su travesía y eso se debía a lo peligroso que le resultaba a un judío caminar por regiones samaritanas.
En segundo lugar, la parábola nos cuenta que un sacerdote y un levita pasan por delante del judío apaleado y lo ignoran, siguiendo su camino a Jerusalén. Normalmente pensaríamos que esa actitud se debía a una actitud de repudiable indiferencia al dolor, pero el significado va más allá. Es muy probable que ambos fueran rumbo a Jerusalén a oficiar en el Templo.
La ley establecía que quien tocara un cadáver ensangrentado quedaría impuro hasta la noche, y alguien impuro no podía participar de los rituales religiosos.
Está claro que los personajes del sacerdote y el levita son mencionados en la parábola en forma intencional. Tampoco es casual atribuir al hombre misericordioso la condición de samaritano. Todo ello está muy deliberadamente escogido para subrayar la nueva noción de prójimo que Jesús quiere promulgar. Porque esta es la enseñanza de su parábola: el amor al prójimo sin importar su religión, su origen o su fe e inclusive si ese “prójimo” es tu propio enemigo.
Finalmente, el piadoso samaritano conduce al judío herido a una de las posadas que se encontraban en el camino y que tenían como función dar asistencia a los viajeros: proporcionarles agua, un lugar donde dormir bajo una fresca palmera en el cálido desierto, curar heridas, etc. tal como lo describe la parábola.
Justamente el actual museo del “Buen Samaritano”, inaugurado en el 2009, se encuentra en el camino que va a Jerusalén desde Jericó y es el lugar donde durante siglos sirvió como posada para los peregrinos que subían a Jerusalén inclusive desde la época del Segundo Templo.
En el museo se encuentran restos arqueológicos de la época del segundo templo (inclusive restos de uno de los tantos palacios del Rey Herodes) y allí se exponen fascinantes mosaicos principalmente de la época bizantina.
Uno de los hallazgos más impactantes es, sin dudas, la bellísima iglesia bizantina que ha sido restaurada manteniendo sus mosaicos originales y que se encuentra junto a las habitaciones de la Posada.
Además, hay una muestra sobre los ritos de los samaritanos en la actualidad.
Ubicación de la Posada:
Bajando de Jerusalén a Jericó, una vez que se pasa Betfagé y Betania, se entra en el corazón del desierto de Judea, aún se ven a lo largo de todo el recorrido, detrás de una colina o en la ladera de un barranco, tiendas de beduinos con su ganado.
El desierto de Judea es muy accidentado. Junto a las altas colinas hay casi siempre profundos wadis o torrentes de difícil acceso, llenos de madrigueras donde se ocultan bestias y alimañas nocturnas, y de cuevas que sirvieron en otro tiempo de guaridas a bandidos y salteadores, como los de la Parábola del Buen Samaritano. En este desierto se organizaron también varios intentos de sublevación contra la dominación romana en los dos primeros siglos de nuestra era.
En el km. 11 se alcanza el fondo del valle. Antes, a la derecha, en lo alto de la colina está el asentamiento judío de nombre Ma'ale Adumim, fundado en 1976. Dentro del poblado se descubrieron los restos de un monasterio bizantino.
Por el fondo del valle la nueva carretera se une a la antigua. Por aquí pasaba la calzada romana que unía Jericó con Jerusalén.
Ocho kilómetros más adelante, al final de la única subida que hay bajando a Jericó, está el monte Adumim (Ma'aleh Adumim, que significa «tierra roja»), límite también entre las tribus de Judá y Benjamín. A la izquierda aún quedan restos de una fortaleza cruzada, y a la derecha está el Khan Hatrur, reconstruido en el siglo pasado sobre restos bizantinos o cruzados, como testimoniaban hasta no hace muchos fragmentos de mosaico en el suelo. La guerra de 1918 lo dejó medio en ruinas.
Vulgarmente es conocido como «La Posada del Buen Samaritano», aludiendo a la parábola evangélica de San Lucas 10, 29-37.
Ciertamente lo que entra dentro de lo probable es que Jesús, al contar esta parábola, y sabedor de la existencia de los robos en esta zona, explicara la misma apoyándose en situaciones que se daban, la posada es también muy probable de su existencia en esa zona, pues es en los cruces de caminos donde tradicionalmente se situaban las mismas. Es en esa zona donde se encuentra el cruce del camino que bajaba de Jerusalén a Jericó, y que se bifurcaba con otro que conducía al mar Muerto. La existencia de restos Bizantinos puede ser un apoyo a esta teoría.
El lugar, en la ruta del Mar Muerto, es venerado desde antiguo,y así lo atestiguan los restos excavados de una basílica bizantina, que data del siglo VI, y construcciones de períodos posteriores. Se cree que estas edificaciones se levantaron sobre lo que sería una posada que habría dado refugio al hombre que, según la narración evangélica, había sido robado y despojado de todo, y que fue ayudado por el buen samaritano, que pasó después de que el hombre hubiera sido ignorado por un levita y un sacerdote judío.

"Sabemos que éste es el sitio donde se desarrolló la Parábola del Buen Samaritano porque se encuentra entre Jerusalén y Jericó -tal como relata el Nuevo Testamento-, y hemos hallado aquí objetos de la época del Segundo Templo de Jerusalén, probablemente del tiempo de Jesús", explicó el arqueólogo Yuval Peleg. En el lugar fueron descubiertos utensilios de barro, vasijas de piedra y vidrio y monedas de la época, además de imponentes mosaicos que pavimentan el suelo de la antigua basílica y que han sido recientemente restaurados.

Como consecuencia de las obras que se están realizando, también se abrirá un museo en una pequeña iglesia rehabilitada y con un techo a dos aguas, donde los peregrinos podrán contemplar diversas salas con utensilios litúrgicos cristianos, mosaicos originales, y réplicas de aquellos encontrados en sinagogas samaritanas o lugares cristianos de las bíblicas Samaria, Judea (Cisjordania) y Gaza. Entre ellos, destaca una inscripción tallada en piedra que contiene los diez mandamientos en escritura samaritana, hallada en el Monte Gerizim, próximo a la ciudad cisjordana de Naplusa, donde hoy en día reside una redu
cida comunidad de samaritanos.
Sobre los samaritanos: Sí, ¡existen aún samaritanos! Son aproximadamente 1000 en total, la mitad de ellos viven en la ciudad israelí de Holón y la otra mitad residen en la ciudad palestina de Nablus o Siquém. El Monte Gerizin es el lugar más sagrado para los samaritanos en nuestros días.
Los samaritanos creen que fue en este Monte Gerizim donde subió Abraham con su hijo Isaac para sacrificarlo y ofrecerlo a Dios, en lugar del Monte Moría de Jerusalén, que veneran judíos y cristianos. Este grupo de samaritanos residentes en territorio palestino, junto a otro reducto en la ciudad israelí de Jolón, son los únicos vestigios vivientes de una comunidad formada por aproximadamente 1000 miembros, que se consideran parte del pueblo hebreo, que no judío.

         El Rey David representado con una iconografía similiar a la que se utilizaba para Orfeo.


Se cree que son descendientes de las diez tribus del antiguo reino de Israel, y se rigen únicamente por el Pentateuco, la "Tora" o ley de Moisés, a diferencia del Judaísmo, que sigue el Talmud y otros libros que conforman el Antiguo Testamento. El origen de la comunidad samaritana se remonta a la muerte del rey Salomón, en el 877 antes de Cristo y que desembocó en un gran cisma del pueblo de Israel. Tan sólo las tribus de Judá y Benjamín deciden permanecer fieles a la dinastía del rey David, creando el llamado reino de Judá, con su centro espiritual en Jerusalén. Las diez tribus restantes formarían el reino de Israel, con Samaria (Shomrón) como capital.
"Uno de los principales focos de tensión entre judíos y samaritanos fue que se les negó a estos últimos participar en la reconstrucción del Templo de Jerusalén". Ese antagonismo era conocido en tiempos de Jesús, cuando los samaritanos eran considerados foráneos y heréticos, alejados de la verdadera religión hebrea, razón por la que la famosa parábola ilustra la idea de que "el prójimo son todos los hombres, incluido tu peor enemigo".


Visitar el Museo del Buen Samaritano
El Museo del buen Samaritano es una antigua posada para viajeros del periodo otomano totalmente restaurada que cuenta con 6 salas en las que se exhiben los restos arqueológicos de mosaicos recuperados de numerosas sinagogas e iglesias de Samaria, que datan principalmente de época bizantina. Otra parte del museo está dedicada a la historia, arte y costumbres del pueblo samaritano. Para terminar, el conjunto, comprende una antigua iglesia que contiene una amplia exposición de restos arqueológicos.
Son de especial interés cultural el pavimento que nos da la bienvenida al museo, se trata del Mosaico de Gaza descubierto en la década de los sesenta, pertenecía a una sinagoga judía y en él aparecen diferentes figuras como plantas, animales, como el tigre, la jirafa, el pavo real y la cebra entre otros, todos ellos enmarcados en medallones que se combinan con otras decoraciones que hacen de este mosaico una pieza de una belleza singular.
En el interior del museo podemos admirar otros objetos como una lápida del cercano Monasterio de Martyrius, una mesa de mármol descubierta en el monasterio, un precioso púlpito de piedra finamente tallado y un cofre de mármol como el sarcófago de la iglesia de Horvat Bet y Sila.
Nuestra visita al museo no puede concluir sin entrar en la antigua Iglesia, descubierta durante unas excavaciones en 1934, que formaba parte del antiguo monasterio bizantino del siglo VI, que posteriormente se convirtió en caravasar otomano e incluso en fortaleza, durante la época de las cruzadas. La iglesia poseía un hermoso pavimento en mosaico que fue saqueado por lo que fue totalmente reemplazado por otro compuesto por más de un millón de teselas. 
Los restos del pasado del edificio como fortaleza cruzada lo podemos ver en el patio de la iglesia, que además contiene distintos objetos que se remontan al siglo I aC., reflejo de la temprana actividad que tuvo este lugar. En cambio, de su pasado como caravasar otomano encontramos una cisterna que se encontraba en el centro de las habitaciones que daban cobijo al peregrino.



lunes, 13 de julio de 2020

- Almorzando con el Maestro

Junto al Lago de Galilea hay un lugar muy sugestivo que nos recuerda el actuar de Jesús: el sitio donde, tiempo antes dio de comer a una multitud, multiplicando los panes y los peces para todos; ahora Jesús resucitado prepara una comida para los discípulos y los invitó a almorzar con él …. así lo explica el evangelio de San Juan: “Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: “Nada”. Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca… Echaron la red, y no tenían fuer zas para recogerla por la gran cantidad de pecesCuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan. Jesús les dijo: traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos no se rompió la red. Jesús les dijo: “Venid a comer. …. Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos”. (Juan 21, 1 ss).
Y allí mismo, como en los postres, Jesús le confió a Pedro el “ser la piedra” para así edificar la nueva comunidad (la Iglesia). El evangelio sigue así: ““Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Apacienta mis corderos. Volvió a preguntarle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: -Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: -Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17).
Les invito a conocer este precioso lugar, llamado Tabgha, junto al Lago de Galilea.
En la iglesia situada junto al Lago de Galilea, llamada “Iglesia del Primado de Pedro” hay una gran roca que la tradición señala como el lugar en que los discípulos desayunaron con Jesús después de su resurrección. 
Allí Jesús dio a Pedro el mandato: “Apacienta mis ovejas”, y fuera de la Capilla, en la parte de pared lateral que da al Mar de Galilea, también es interesante fijarse en los escalones excavados en la roca, aunque hoy muy gastados «sobre los que, como nos transmite la peregrina Egeria, estuvo de pie el Señor”. Además, los escalones referidos por la peregrina Egeria (años 381-384) se pueden observar en el exterior, en el lado sur de la capilla, protegidos por una verja.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en 1969 han confirmado que bajo la iglesia del Primado se encuentran restos de dos santuarios más antiguos: del primero, datado a finales del siglo IV, quedan visibles algunos fragmentos de sus paredes con revoque blanco; el segundo, construido cien años más tarde en piedra basáltica, es reconocible en los muros perimetrales. Los dos tenían como centro una roca llamada por los peregrinos ‘Mensa Christi’, que sigue venerándose en la actualidad delante del altar como el sitio del almuerzo con los Apóstoles.

Según la tradición, ahí preparó Jesús unas brasas para el almuerzo de los discípulos a la vuelta de la pesca. Al parecer, fue aquí donde le pregunta a Simón, “Pedro, ¿me amas?”, como “deshaciendo” las tres negaciones anteriores del Apóstol. Una vez más, este rincón de la Tierra Santa tiene que ver con el amor y el discipulado. Cristo resucitado vuelve a Galilea, que simboliza nuestra vida cotidiana; y él está ahí. A pesar de nuestras negaciones, él nos acepta siempre. Aunque en el momento de la verdad le hubiese traicionado el amigo más cercano, infinita es su misericordia y su perdón.

Un texto atribuido a la peregrina Egeria, quien visitó Tierra Santa en el siglo IV, nos ofrece un testimonio elocuente de la memoria cristiana sobre el lugar santo: «no lejos de Cafarnaúm se ven los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor. Allí, junto al mar se encuentra un terreno cubierto de hierba abundante y muchas palmeras y, junto al mismo lugar, siete fuentes manando de cada una de ellas agua abundante. En este lugar el Señor sació una multitud con cinco panes y dos peces. La piedra sobre la cual Jesús depositó el pan ha sido convertida en un altar. Junto a las paredes de aquella iglesia pasa la vía pública, donde Mateo tenía su telonio. Sobre el monte vecino hay un lugar donde subió el Señor para pronunciar las Bienaventuranzas».

Centraremos nuestra atención en el primer sitio enumerado por Egeria: «los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor». Según esta tradición, se refieren al sitio desde el que Jesús habría indicado a los de la barca que echaran la red a su derecha, durante la aparición del Señor resucitado que narra san Juan al final de su evangelio: “Estaban juntos Simón Pedro y Tomás —el llamado Dídimo—, Natanael —que era de Caná de Galilea—, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Les dijo Simón Pedro: —Voy a pescar. Le contestaron: —Nosotros también vamos contigo. Salieron y subieron a la barca. Pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, se presentó Jesús en la orilla, pero sus discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús. Les dijo Jesús: —Muchachos, ¿tenéis algo de comer? —No —le contestaron. Él les dijo: —Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y casi no eran capaces de sacarla por la gran cantidad de peces. Aquel discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: —¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ató la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces. Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan. Jesús les dijo: —Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos no se rompió la red. Jesús les dijo: —Venid a comer. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Tú quién eres?», pues sabían que era el Señor. Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos”

El relato de Egeria no afirma que existiera una iglesia en la orilla donde se apareció Jesús, pero un texto tardío -de los siglos X-XI- atribuye a la emperatriz santa Elena la construcción de un santuario dedicado a los Apóstoles en el lugar donde el Señor comió con ellos. Algunos documentos a partir del siglo IX lo denominan indistintamente ‘Mensa, Tabula Domini’. Por un testimonio de la Edad Media, sabemos también que el templo estaba dedicado en particular al Príncipe de los Apóstoles: «al pie del monte está la iglesia de san Pedro, muy hermosa pero abandonada», afirma el peregrino Saewulfus en 1102. Tras diversas vicisitudes, fue definitivamente destruida en 1263. 

La actual, levantada por los franciscanos en 1933 sobre los cimientos de la antigua capilla, se llama iglesia del Primado para recordar el sitio donde Jesús confirmó a Pedro como pastor supremo de la Iglesia. Así lo narra el evangelio “Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Apacienta mis corderos. Volvió a preguntarle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: -Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: -Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17).
La Iglesia del Primado de Pedro (abierta todos los días de 8 a.m. a 5 p.m.) es una capilla franciscana que incorpora vestigios de una iglesia del siglo cuarto y parte importante de la “mesa de Cristo”, hecha en piedra donde Jesús sirvió a sus discípulos un desayuno a base de pescado después de que desembarcaron en la orilla.
El Ministerio de Turismo de Israel construyó el paseo de Tabha-Cafarnaún para conectar la iglesia con la de la Multiplicación de los Panes y los Peces, que está cerca. 

Esta última se pueden ver mosaicos del período bizantino que muestran sucesos que tuvieron lugar aquí, según las escrituras cristianas.
Aquí fue donde, según una antiquísima tradición, Pedro y sus compañeros, después de la Resurrección del Señor, llenaron de abundante pesca las redes, después de una noche inútil, a la voz del Señor que, desde la orilla, les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

Y aquí mismo, como nos cuenta el Evangelio, el Señor les tenía preparado el desayuno -peces asados- y Pedro va a ser nombrado y constituido el primer Papa, pero primero es puesto a prueba. Jesús lo examina de Amor. Y parece que Jesús se solaza en el triple interrogatorio sobre lo mismo: “¿Pedro me amas más que éstos?” Y esto por tres veces… Jesús conoce a Pedro y no duda de su amor, lo que pasa es que Pedro le había negado por tres veces días antes, en el atrio de Jerusalén, y Pedro comprende que Jesús quiere doblegar la presunción de este hombre tosco y rudo.
Por eso contesta ahora sin arrogancia, con cierta timidez: «Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo». Jesús queda satisfecho con la reacción de Pedro y por ello le confía la difícil misión de proseguir su obra a través de los siglos. La fuerza del Resucitado nunca faltará a la Iglesia, pero ésta quedó confiada a un hombre -más o menos digno- que a «dedo», sin ningún mérito, ha elegido Jesús.
San Juan asocia este relato de la entrega del Primado con la pesca milagrosa: Yo os haré pescadores de hombres, pues Jesús, en esa piedra -Mensa Christi- les tenía preparado un almuerzo, con un pez, -no de los pescados-, que él estaba asando, que se lo ofrece a los discípulos, juntamente con pan. Los primitivos cristianos, -en cuyo seno se escribieron los evangelios (repetimos)-, significaban en estos dos elementos; pan + pez, el símbolo del banquete eucarístico. Esto lo hemos visto también en el mosaico del altar de la Iglesia de la multiplicación.
Es como si a orillas del lago compartiera el Resucitado una singular Eucaristía con este pequeño grupo de incondicionales, antes de ceder a Pedro el liderazgo de su comunidad. La Iglesia, pues, cimentada sobre el misterio eucarístico, realiza su andadura aceptando el liderazgo de Pedro. Es una gran barca, que guiada por su timonel -Pedro- intenta meter en sus redes a cuantos peces -creyentes- pueda del mar -el mundo-. Y esto sólo es posible si pescadores -creyentes- y timonel se nutren del alimento (pan + pez) de la Eucaristía = Jesús Resucitado.
IGLESIA DEL PRIMADO
Por eso es interesante fijarse, dentro de la Capilla en la roca debajo del altar, donde estaban las brasas y los peces. Por eso se llama a la roca «Mensa Domini», la Mesa del Señor, como también puede simbolizar la «roca» que es Pedro. Sobre ella muchos peregrinos apoyan la cabeza en señal de adoración a Jesús. Aquí estuvieron rezando Pablo VI y Juan Pablo II.

1- Roca sagrada, Mensa Christi. (ver gráfico)
2. Restos de la iglesia de los siglos IV y V

3. Banco rocoso y pasos mencionados por Egeria.
4. Seis piedras en forma de corazón llamadas Doce Tronos (período bizantino y árabe del siglo V-IX d. C.).
La primera multiplicación de los panes
“Y al desembarcar Jesús vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer”. El les contestó: “Dadles vosotros de comer”. Ellos le dicen: “¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” El les dice: “¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.” Después de haberse cerciorado, le dicen: “Cinco, y dos peces.”
Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres. (
Marcos 6,34-44).

Tabgha (Ein Sheva) es una zona situada en la costa norte-occidental del Mar de Galilea en Israel. Tradicionalmente se conoce como el lugar del milagro de la multiplicación de panes y peces (Marcos 6: 30-46) y por la cuarta aparición de la resurrección de Jesús (Juan 21: 1-24) después de su crucifixión.
El primer edificio construido en Tabgha fue una pequeña capilla construida en el siglo IV (alrededor del año 350) por el judío converso al cristianismo, José de Tiberíades. Según Epifanio, José era un contemporáneo del emperador Constantino, un erudito rabínico, miembro del Sanedrín y discípulo de Hillel. Después de su conversión, el emperador Constantino le dio el rango de recuento, y le dio permiso para construir iglesias en la Galilea. En concreto, en las ciudades judías donde no había una comunidad cristiana, y en la Galilea, incluido el Mar de Galilea, que era una zona con mayoría de población judía. Este fue probablemente el santuario descrito por la peregrina Egeria a fines del siglo IV. 
El mosaico de los peces y los panes se encuentra al lado de una gran roca; algunos estudiosos del Nuevo Testamento y constructores de la iglesia original especulan que Jesús se puso de pie sobre esta piedra cuando bendijo a los peces y panes antes de alimentar a la multitud que se reunió para escucharlo.