miércoles, 5 de enero de 2022

- Los magos (reyes) de Oriente

¿Quiénes eran los magos? El centro del episodio de los Magos es la cita del profeta Miqueas, que en el relato aducen los sacerdotes y escribas consultados por Herodes acerca del lugar donde había de nacer el Cristo. «Ellos le dijeron: en Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que será pastor de mi pueblo Israel» (Evangelio de San Mateo 2,5 ss.).

El evangelista presenta a los protagonistas del relato como «unos Magos que venían del Oriente». No dice cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni de dónde procedían exactamente. La tradición antigua navega por todos esos mares, pero sin rumbo cierto. En cuanto al número, los monumentos arqueológicos fluctúan considerablemente. Ha prevalecido, no obstante, el número de tres acaso por correlación con los tres dones que ofrecieron -oro incienso y mirra- o porque se los creyó representantes de las tres razas: Sem, Cam y Jafet.

Según Erodoto (siglo 5 aC), Magos –en griego mágoi– habrían sido una casta de los Medos, pertenecientes a la clase de los sacerdotes, estudiosos de libros sagrados y dedicados a la observación del cielo. En cambio la investigación historiográfica más reciente sitúa su origen con más probabilidad en Babilonia y Persia.

También sobre el lugar del origen de los magos discrepan los testimonios antiguos. Unos los hacen proceder de Persia, otros de Babilonia o de Arabia, y hasta de lugares tan poco situados al oriente de Palestina como Egipto y Etiopía. Sin embargo, un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia. Refiere una carta sinodal del Concilio de Jerusalén del año 836 que en el 614, cuando los soldados persas de Cosroas II destruyeron todos los santuarios de Palestina, respetaron la basílica constantiniana de la Natividad en Belén, porque, al ver el mosaico que representaba la Adoración de los Magos, los creyeron por la indumentaria compatriotas suyos.

Los personajes en cuestión eran casi con toda certeza de religión zoroastriana, y cultivaban la observación del firmamento. Posiblemente serían astrólogos, en el sentido que este nombre indicaba para su época, es decir, en su acepción sirio-babilónica, y no helénica.

Recordamos que en el origen de la tradición mesopotámica las apariciones del cielo eran vistas como algo para reflexionar y, en ocasiones, como una anticipación de lo que iba a suceder en la tierra, pero sin implicaciones de carácter casual y astrolátrico.

De los Magos no se conoce el número: la tradición cristiana representa dos en un fresco del siglo IV en las catacumbas de san Marcelino y san Pedro en Roma. Con respecto a los nombres de los Reyes, a partir del siglo VII, se encontraron fuentes a favor de los nombres Gaspar, Melchor y Baltasar, como refiere el venerable Beda (673-735), quien también señala que el tercero era negro.

Sus presuntos restos se encontraron en Persia, fueron transportados a Constantinopla por santa Elena y posteriormente transferidos a Milán en el siglo V. Después fueron llevados definitivamente a Colonia en el siglo XII, donde existe hasta ahora un sepulcro objeto de gran veneración.

La Estrella de los Magos

En el relato de San Mateo la estrella juega un papel importante. Es una estrella que los magos vieron en Oriente, pero que luego no volvieron a ver hasta que salieron de Jerusalén camino de Belén; entonces se mueve delante de ellos en dirección norte-sur y, finalmente, se para sobre la casa donde estaba el Niño.

Los magos dicen haberla reconocido como la estrella de Jesús («Hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle»; Mt 2,2). Supuesto el carácter preternatural de la estrella, que al parecer sólo habría sido visible para los magos, ¿por qué entendieron ellos que era la estrella de Jesús y se sintieron obligados a desplazarse para adorarle?.

Nada tendría, en ese supuesto, de extraño que persas piadosos se hubieran ido interesando por las Escrituras de los judíos y participaran de algún modo en su esperanza en un Mesías Rey, de manera que, al percibir un fenómeno estelar, lo relacionaran con él. Sea de ello lo que fuere, lo que podemos decir es que, de una manera u otra, Dios los movió a ponerse en camino y dirigirse a Israel en espera de un gran rey.

Precisamente el tiempo es una de las claves para deducir la ruta que siguieron Melchor, Gaspar y Baltasar. Según explica Mateo, la residencia de José y Maria en Belén culmina con la visita de los “Sabios de Oriente”, en un momento impreciso después del nacimiento. Mateo escribe que los sabios encuentran al niño y a su madre en una “casa” y no en un establo.

Además, Mateo convierte en coprotagonista de la visita de los Reyes Magos al rey Herodes. Una aparición nada badalí, puesto que Herodes ordenó la masacre de los niños nacidos desde dos años antes. A todo esto hay que sumar un aspecto filológico que es el participio aoristo particular del griego que utiliza Mateo con el verbo nacer del versículo 2. Esta forma verbal tiene un matiz de indeterminación temporal que tanto podría traducirse como “nació” o “ha nacido” y, por tanto, no significa que Jesús sea un recién nacido.

Una vez establecido que los Reyes Magos pudieron tomarse su tiempo para llegar a Belén, dos teorías explican su origen. Por un lado, ante la genérica procedencia de “Oriente”, coexisten los que defienden que eran persas, otros opinan que su origen es árabe.

El Dr. Armand Puig está convencido que provinieron de Persia. En su pormenorizado estudio sobre el nacimiento de Jesús, el teólogo recuerda que “Arabia” se entendía en la antigüedad como el antiguo reino nabateo, en el que se encontraba Damasco, al este de Perea y Judea. “Un detalle histórico remacharía la idea de su origen persa, y es el cuadro de la Natividad en la iglesia de Belén”, describe. “Cabe recordar que en el año 614, los persas no la destruyeron durante su invasión a Tierra Santa porque vieron en ella imágenes de los tres sabios con atuendos típicos de su país”, añade.

En el libro The Star of Bethlehem del astrónomo Mark Kidger (Princeton University Press, 1999), se concluye que la estrella que Melchor, Gaspar y Baltasar siguieron, no fue ningún cometa, sino probablemente una Nova -que Kidger bautiza como DO Aquilae- que además fue constatada por astrónomos chinos y coreanos en marzo del año 5 antes de Cristo.

Teniendo en cuenta que Jesús nació entre el invierno del año 7 y marzo del 6 tiene todo el relato que escribe Mateo sobre cómo los tres sabios siguieron la estela y llegaron a tiempo de adorar el niño Jesús. Un tiempo que hubiera permitido a los tres sabios cruzar Oriente para llegar antes que la familia de Jesús abandonara Belén.

Los astrónomos chinos y coreanos que detectaron “un objeto celeste muy brillante” se situaría en las modernas constelaciones de Capricornio y Aquila y hubiera sido visible aproximadamente durante tres meses. Primero al este, cuando la hubieran visto en una posición baja; y después al sur -Belén está al sur de Jerusalén, según un cambio astronómico de 90 grados de sureste a suroeste.

Para el Dr. Armand Puig la estrella de Kidger y los testigos coreanos completan el sudoku de las fechas. La Nova que propone Kidger es un “elemento de plausibidad histórica” alrededor del nacimiento de Jesús no del momento de su nacimiento, sino que dataría la llegada a Belén de unos sabios astrónomos (o astrólogos) de Oriente entre marzo-mayo del año 5 aC, cuando Jesús nació muy probablemente entre el 7 y 6 aC. Este intervalo de un año y medio a dos años cuenta con un aliado extraordinario y es el plazo que Herodes marcó para masacrar a los niños después del nacimiento de Jesús: dos años (Mt, 2, 16).

Buscando el camino de los Magos: los Magos habrían podido seguir la Ruta del Incienso que unía Egipto con la India atravesando la Península Arábiga. Según esta hipótesis, la ciudad de Hadramut, en lo que hoy es Yemen, habría sido el origen del recorrido de los Reyes Magos, que habrían cruzado la Península Arábiga para llegar a Egipto y después a Belén de Judea.

Otras teorías apuntan a Persépolis (en lo que hoy es Irán) como inicio del recorrido de los Reyes Magos para adorar a Jesús. De ser así, habrían cruzado Irak, Siria, Líbano y Palestina en un largo viaje de cerca de 2.000 kilómetros. Otros, en cambio, creen que el origen podría haber sido la antigua Babilonia en la actual Falluja. Este camino reseguiría el río Éufrates enlazando las ciudades de Tadmur, Damasco, Amán, Jerusalén hasta dirigirse a Belén.

Un grupo de unos 60 expedicionarios de diferentes religiones recreó en el año 2000 el posible itinerario que podrían haber seguido los Reyes Magos de Oriente. Su largo viaje en camello, de unos 1.600 kilómetros, duró 83 días en los que atravesaron Irak, Siria, Jordania y Cisjordania para llegar a Belén.

Fiesta de la Epifania, o dia de los Reyes Magos

Epifanía, voz griega que significa "manifestación", pues el Señor se reveló a los paganos en la persona de los sabios de Oriente. Los Reyes Magos encuentran a Dios y le ofrecen lo mejor. La actitud de postración frente a la presencia de Jesús nos indica el gozo que brota de un corazón que sabe reconocer la presencia del Señor y se postra para reconocerlo y ofrecerle lo mejor que se tiene.

He aquí el significado de cada regalo que recibe el Niño Dios de parte de los tres Reyes Magos y a lo que este nos invita.

ORO: El oro es el regalo que se da a los reyes, el metal más preciado, sirve para reconocer la realeza y grandeza de esa persona. La reina de Saba otorgó este regalo al rey Salomón.

Ofrezcamos a Dios el oro de nuestras buenas acciones, el cuidado de nuestros niños, niñas, jóvenes y adolescentes.

INCIENSO: El incienso en la Biblia, así como en la cultura hebrea y judía se usaba para ofrecérselo a Dios, Por tanto, es una prueba de la divinidad de Cristo, ofrecerle incienso, como a un auténtico Dios.

Ofrezcamos el incienso de nuestra oración por las familias, para que, a ejemplo de del hogar de Nazaret, nuestras casas sean un ejemplo de amor, perdón acogida, sencillez y humildad.

MIRRA: La mirra la usaban los judíos para embalsamar los cadáveres, pero también se usó como perfume para las personas, es símbolo entonces de lo humano, de lo material, de lo carnal.

Nos viene a enseñar que Cristo se hizo carne, humano, verdadero hombre, y murió por nosotros, por eso, necesitó ser embalsamado con mirra. Ofrezcamos a él nuestras debilidades humanas para que sean transformadas en la grandeza de su gloria.

 


lunes, 27 de diciembre de 2021

- San José, nos escribe en estas fiestas

Carta de San José a los esposos

Queridos hombres y esposos y esposas del mundo:
Entre tantas felicitaciones como recibiréis en estos días, estoy seguro de que ninguno de vosotros espera un saludo mío.



En el fondo, os entiendo. Yo José de Nazaret fui el gran mudo de la familia y la Navidad.
Todos hablan de mí. Pero yo no hablaba nada.

A mí sólo me correspondía ver, mirar, contemplar y luego dejar que mi corazón entendiese.
Es posible que muchos me sientan envidia. ¡Oh qué padre tan feliz!
¡Tener por hijo nada menos que al Hijo de Dios!
Sí. Es una maravilla. Pero todo eso es maravilloso en la fe.

Para mí todo era un misterio.
Esperaba el nacimiento del Hijo de Dios.
Y veo a un niño como los demás.
Esperaba que Dios naciese radiante como nace brillante el sol cada mañana.
Y el Niño no tenía brillo particular. Y con los ojitos cerrados como todo niño al nacer.
Y en mi corazón, tenía que decir: “y a pesar de todo es el Hijo de Dios”.

Mi primera desilusión fue cuando, al llegar a Belén, todas las puertas se me cerraron.
Yo era consciente de que en cualquier instante María estaba para dar a luz.
Ya no era el momento de andar pensando grandes cosas.

Y es terrible llamar a una puerta y que te den con ella en las narices como a gente indeseada.
No estaba discutiendo el precio de una pequeña habitación, al contrario, sentía que, en ese momento, los tres: María, el Niño y yo, éramos “parte de los excluidos, de las personas que no tienen cabida, con las que no se cuenta”.
Todos me pedían mis documentos.
Y yo venía precisamente a buscarlos a Belén.
Y como no los tenía, todos pensaban que pudiera ser gente de mal vivir.

¡Y yo, con el parto de María a las puertas!
No se imaginan el sufrimiento de aquellas horas.
A ella le decía cariñosamente: “espera, María, un momento más”.
Y la pobrecita me miraba con unos ojitos que me rompían el alma.

Cuando encontramos el establo, “una cueva sin puerta, un refugio de animales”, sentí que el alma me volvía al cuerpo. No era gran cosa para la maravilla que esperaba.
Pero era todo lo que yo le podía ofrecer.
Yo pensaba para mis adentros: “por esta puerta que ya ni es puerta entra en el mundo el amor y la liberación de Dios”.
Por un momento, aquello me pareció un palacio.
Al menos, tenía un ambiente templado por la presencia del borrico y una vaca tumbados sobre la hierba seca.

Permitidme, por un momento, pensar en cuantos también hoy, como nosotros entonces, se sienten excluidos; de los que están de más, Yo también me sentí ilegal en Belén.

Mi cabeza pensaba en la cuna que le había hecho al Niño y que tuvimos que dejarla en Nazaret. Naturalmente era imposible traerla con nosotros.
Yo había puesto todo mi cariño haciéndola. Y total, para nada. Se había quedado en el taller a la espera de nuestro regreso.

Tampoco os voy a decir que para mí fue aquello algo tremendo.
Mi alma estaba muy en calma. Mi espíritu muy sereno.
Al fin y al cabo, me daba cuenta de que ésos eran los caminos de Dios.
Por eso, en medio de mi sufrimiento humano, interiormente viví la gran fiesta del amor de Dios a los hombres.

Y esto me gustaría que lo aprendieseis también vosotros los esposos.
Es posible que, en el fondo de vuestro corazón, soñéis con grandes cosas. Y luego la vida os hace aterrizar. La vida no siempre responde a los gritos del corazón.

Lo importante, en estos casos, es no dejar que la realidad se imponga a nuestros sentimientos y a nuestras ilusiones.
Además, esos sufrimientos por amor y fruto del amor, son sufrimientos que sanan y curan mucho nuestros corazones.
Nos limpian por dentro para que podamos ver mejor con nuestros ojos.
Habrá cosas en vuestras vidas no siempre fáciles de entender.
Lo mismo me sucedía a mí. Pero no siempre lo importante es entender.
Lo fundamental es saber aceptar los caminos de Dios.

Por eso, en estas Navidades, en las que todos vosotros me volveréis a poner serio, apoyado en mi bastón junto al pesebre, yo os quiero felicitar.
Pero os debo decir que yo no estaba tan serio como me pintáis.
En mi corazón había una gran fiesta.
¿Cómo podía yo causarle preocupaciones a María?
Ella necesitaba también de mi apoyo. Y verme preocupado sería para ella una pena más. Yo no podía hacerlo.
Yo tenía que ser el hombre firme en la fe, en la aceptación de aquel Hijo que no me pertenecía pero que yo quise y amé como si fuese mío propio.

Yo, que algo me sé de Navidad y de familia, quiero felicitar a todos los hogares y familias, en estas Navidades.
Quiero felicitar a todas las mamás que saben lo que es dar a luz un hijo, incluso no siempre en las debidas condiciones.
Quiero felicitar a todos los papás para quienes un hijo más implica un esfuerzo más en la vida.

Que en estas Navidades 2021 y hoy que celebráis “mi familia” seáis todos muy felices. Que si tenéis problemas no os dejéis aplastar por ellos.
Y que todos viváis el gozo y la alegría del gran regalo de Dios en estos días: El regalo de su Hijo Jesús.
        +San José, un esposo que sabe mucho de Navidad.

 

https://mensajealosamigos.wordpress.com/2021/12/25/carta-de-san-jose-2/

 

domingo, 26 de diciembre de 2021

- Huida a Egipto: Gruta de la Leche, Belén

        “José se levantó, tomó de noche al niño ya su madre, y se fue a Egipto". (Mt 2, 14) 

Entrada a la Gruta de la Lecha de Belén

El relato del Nuevo Testamento, muy breve y propio del Evangelio de Mateo, narra cómo un mensajero de Dios se aparece en sueños a José y le ordena que huya a Egipto junto con la Virgen María y el Niño Jesús, pues el rey Herodes lo estaba buscando para matarle (la matanza de los inocentes).



Por segundo año consecutivo, aquí en Belén, las familias están sufriendo las graves consecuencias económicas de la pandemia. Son familias en las que, justamente como san José y María su esposa, tratan de hacer lo posible para atender a sus hijos en un momento de grave dificultad. Para el mensaje de Navidad de este año he querido traeros en el Santuario de la Gruta de la Leche, que está a un centenar de metros de la Gruta de la Natividad.



Es un santuario muy bonito y muy significativo, que nos recuerda que la Navidad no es solo poesía, sino que es también drama. En el momento decisivo de la historia, en el que el Hijo de Dios se ha hecho hombre para compartir nuestra vida y salvarnos, ha encontrado la hostilidad y el rechazo de un Rey infanticida como Herodes, sediento de poder y temeroso de perderlo. Ya en Belén, recién nacido, Jesús ha encontrado la hostilidad y aquel rechazo que en Jerusalén, treinta años después, lo llevarán a la condena a muerte.

La Gruta de la Leche nos recuerda que José en el corazón de la noche fue obligado a levantarse, y tomar al niño ya su madre para huir a. La Gruta de la Leche nos recuerda también el gesto tierno y maternal con el que María, en una breve pausa, amamanta al niño Jesús. El gesto tierno de María nos recuerda lo concreto de la encarnación. El Hijo de Dios en su hacerse carne quiso compartir en todo nuestra naturaleza humana.

La ternura de María que tiene los brazos al niño y lo amamanta es la misma ternura con el cual muchos años después, tomará nuevamente entre los brazos aquel hijo torturado y asesinado y bajado de la cruz. En este lugar la Navidad nos permite intuir la Pascua. Aquí nos resulta espontáneo pensar en la multitud de familias que hoy atraviesan dificultades en diferentes países del mundo; en las muchas familias obligadas a escapar de la propia casa, de la propia ciudad y de la propia patria porque son perseguidas por regímenes políticos que reencarnan la mentalidad de Herodes oa cause de desastres económicos y ambientales siempre más frecuentes que las obligan a dejar todo y huir.

En este lugar encomendamos todas estas familias a la Sagrada Familia de Jesús, José y María, y también pedimos que las otras familias, que están bien, aquellos que no tienen que huir, que tienen el corazón abierto. ¡Feliz Navidad desde Belén! ¡Feliz Navidad desde el Santuario de la Gruta de la Leche! ¡Feliz Navidad desde el lugar en el cual María y José nos enseñan a custodiar al Hijo de Dios ya protegerlo, desde donde nos enseñan a custodiar y cuidar a un niño, a todos los niños ya todas las personas pequeñas y frágiles!

La huida de la Sagrada Familia a Egipto, tuvo lugar luego de que un ángel enviado por Dios visitó a San José, advirtiéndole en sus sueños que el rey Herodes buscaba al recién nacido niño Jesús, el futuro Rey, para matarlo, pues de esta manera deseaba proteger su trono. San José, obedeciendo el mandato de Dios, tomo a María y al Niño y se dirigió rumbo a Egipto. Durante el viaje, y mientras tenía lugar el terrible infanticidio ordenado por Herodes, encontraron refugio temporal en una pequeña gruta, conocida hoy en día como la Milagrosa Gruta de la Leche.

«Cuando se fueron, he aquí, el ángel del Señor se le apareció a José en un sueño y le dijo:» Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga. Herodes buscará al niño para matarlo. «José se levantó y tomó al niño y a su madre de noche y se fue a Egipto» (Mt 2, 13-14)

Si bien es cierto, la historia de la estadía de la Sagrada Familia en esta gruta no se registra en las Sagradas Escrituras, ha llegado hasta nuestros días gracias a la tradición. Esta nos deja saber que fue en este lugar donde la Sagrada Familia hizo un breve alto para luego proseguir el viaje a Egipto. Mientras la Virgen María amamantaba al hambriento Niño Jesús, una sola gota de leche de María cayó al suelo dentro de la gruta, y la piedra caliza cambió milagrosamente de su color marrón amarillento original a un blanco puro.

La Gruta de la Leche se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación para los primeros cristianos, quienes creían que mezclando la suave tiza blanca de la cueva con su comida o bebida mejorarían su fertilidad y la producción de leche en las madres lactantes. Las parejas que tienen problemas para concebir viajan (incluso hoy en día) hasta la Gruta de Leche con la esperanza de que el polvo blanco les ayude a tener un hijo.

A fines del siglo IV, se construyó una pequeña capilla alrededor de la cueva para mostrar reverencia a este lugar visitado por la Sagrada Familia.

Desde hace mucho tiempo se cree que tomar una bebida que contenga lo que aquí se llama "leche en polvo", que se muele de la piedra caliza, y ofrecer una oración especial a María puede curar problemas de salud, especialmente los relacionados con la infertilidadMuchos cristianos en Belén tienen una historia sobre los  poderes de la Gruta de la Leche.

Después de años de intentar tener un hijo, una mujer finalmente dio a luz en Navidad después de orar aquí con su esposo. Fue "el mejor regalo", me dice la hermana Naomi. "Sucedió dos veces con personas que conozco bien", dice el guía turístico Suad Sfeir. "Una amiga de Estados Unidos llevó un poco de polvo para su prima que llevaba casada 25 años y no había podido tener hijos. "Cuando regresó un año después, me trajo una foto de su bebé". Mucho de eso se exhibe en una pequeña oficina fuera de la iglesia. A lo largo de los años, han llegado cientos de cartas conmovedoras desde todo el mundo dando testimonio de aparentes milagros.

Una pareja en India adjunta una foto de una niña regordeta y sonriente. Tomaron la leche en polvo tras sufrir dos abortos espontáneos. "Ahora estamos felices", escriben.

"Lloré mucho y mis lágrimas fueron mis oraciones", dice una mujer francesa que relata su visita a la gruta para orar por un niño. Cuenta que quedó embarazada dos meses después.

Una mujer en Brasil, a la que le habían dicho que era infértil, describe "un milagro llamado Gabriela" que nació después de que supo de la iglesia en un programa de televisión y pidió el polvo.

Cualesquiera que sean tus creencias, una visita a la gruta se presta a la reflexión espiritual. Algunas partes están talladas en piedra en bruto y el interior es fresco y silencioso.

Incluso he visto mujeres musulmanas locales entre esas velas encendidas, y mujeres de todas las nacionalidades sentadas en silencio frente a una impactante imagen de María de tamaño real.

La pintura la representa acunando a Jesús contra su pecho desnudo. Hoy en día, teniendo un bebé, no puedo evitar notar que no está bien agarrado.

Pero para mí, la imagen irradia poder femenino y amor maternal.

"Trae esperanza"

Ha estado rezando por una pareja sudamericana sin hijos que envió un mensaje.

"Es muy duro no poder tener un bebé. Un niño le da un sabor especial a la vida", me dice. "María es nuestra Madre, nos escucha y entra en nuestros corazones".

"En este año de pandemia, este es un lugar feliz. Trae esperanza", afirma sonriendo.

Si la Basílica de la Natividad invita a los fieles a celebrar el nacimiento de un niño en Navidad, la Gruta de la Leche expresa la alegría y la esperanza para el futuro que todo niño puede traer.