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miércoles, 5 de enero de 2022

- Los magos (reyes) de Oriente

¿Quiénes eran los magos? El centro del episodio de los Magos es la cita del profeta Miqueas, que en el relato aducen los sacerdotes y escribas consultados por Herodes acerca del lugar donde había de nacer el Cristo. «Ellos le dijeron: en Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que será pastor de mi pueblo Israel» (Evangelio de San Mateo 2,5 ss.).

El evangelista presenta a los protagonistas del relato como «unos Magos que venían del Oriente». No dice cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni de dónde procedían exactamente. La tradición antigua navega por todos esos mares, pero sin rumbo cierto. En cuanto al número, los monumentos arqueológicos fluctúan considerablemente. Ha prevalecido, no obstante, el número de tres acaso por correlación con los tres dones que ofrecieron -oro incienso y mirra- o porque se los creyó representantes de las tres razas: Sem, Cam y Jafet.

Según Erodoto (siglo 5 aC), Magos –en griego mágoi– habrían sido una casta de los Medos, pertenecientes a la clase de los sacerdotes, estudiosos de libros sagrados y dedicados a la observación del cielo. En cambio la investigación historiográfica más reciente sitúa su origen con más probabilidad en Babilonia y Persia.

También sobre el lugar del origen de los magos discrepan los testimonios antiguos. Unos los hacen proceder de Persia, otros de Babilonia o de Arabia, y hasta de lugares tan poco situados al oriente de Palestina como Egipto y Etiopía. Sin embargo, un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia. Refiere una carta sinodal del Concilio de Jerusalén del año 836 que en el 614, cuando los soldados persas de Cosroas II destruyeron todos los santuarios de Palestina, respetaron la basílica constantiniana de la Natividad en Belén, porque, al ver el mosaico que representaba la Adoración de los Magos, los creyeron por la indumentaria compatriotas suyos.

Los personajes en cuestión eran casi con toda certeza de religión zoroastriana, y cultivaban la observación del firmamento. Posiblemente serían astrólogos, en el sentido que este nombre indicaba para su época, es decir, en su acepción sirio-babilónica, y no helénica.

Recordamos que en el origen de la tradición mesopotámica las apariciones del cielo eran vistas como algo para reflexionar y, en ocasiones, como una anticipación de lo que iba a suceder en la tierra, pero sin implicaciones de carácter casual y astrolátrico.

De los Magos no se conoce el número: la tradición cristiana representa dos en un fresco del siglo IV en las catacumbas de san Marcelino y san Pedro en Roma. Con respecto a los nombres de los Reyes, a partir del siglo VII, se encontraron fuentes a favor de los nombres Gaspar, Melchor y Baltasar, como refiere el venerable Beda (673-735), quien también señala que el tercero era negro.

Sus presuntos restos se encontraron en Persia, fueron transportados a Constantinopla por santa Elena y posteriormente transferidos a Milán en el siglo V. Después fueron llevados definitivamente a Colonia en el siglo XII, donde existe hasta ahora un sepulcro objeto de gran veneración.

La Estrella de los Magos

En el relato de San Mateo la estrella juega un papel importante. Es una estrella que los magos vieron en Oriente, pero que luego no volvieron a ver hasta que salieron de Jerusalén camino de Belén; entonces se mueve delante de ellos en dirección norte-sur y, finalmente, se para sobre la casa donde estaba el Niño.

Los magos dicen haberla reconocido como la estrella de Jesús («Hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle»; Mt 2,2). Supuesto el carácter preternatural de la estrella, que al parecer sólo habría sido visible para los magos, ¿por qué entendieron ellos que era la estrella de Jesús y se sintieron obligados a desplazarse para adorarle?.

Nada tendría, en ese supuesto, de extraño que persas piadosos se hubieran ido interesando por las Escrituras de los judíos y participaran de algún modo en su esperanza en un Mesías Rey, de manera que, al percibir un fenómeno estelar, lo relacionaran con él. Sea de ello lo que fuere, lo que podemos decir es que, de una manera u otra, Dios los movió a ponerse en camino y dirigirse a Israel en espera de un gran rey.

Precisamente el tiempo es una de las claves para deducir la ruta que siguieron Melchor, Gaspar y Baltasar. Según explica Mateo, la residencia de José y Maria en Belén culmina con la visita de los “Sabios de Oriente”, en un momento impreciso después del nacimiento. Mateo escribe que los sabios encuentran al niño y a su madre en una “casa” y no en un establo.

Además, Mateo convierte en coprotagonista de la visita de los Reyes Magos al rey Herodes. Una aparición nada badalí, puesto que Herodes ordenó la masacre de los niños nacidos desde dos años antes. A todo esto hay que sumar un aspecto filológico que es el participio aoristo particular del griego que utiliza Mateo con el verbo nacer del versículo 2. Esta forma verbal tiene un matiz de indeterminación temporal que tanto podría traducirse como “nació” o “ha nacido” y, por tanto, no significa que Jesús sea un recién nacido.

Una vez establecido que los Reyes Magos pudieron tomarse su tiempo para llegar a Belén, dos teorías explican su origen. Por un lado, ante la genérica procedencia de “Oriente”, coexisten los que defienden que eran persas, otros opinan que su origen es árabe.

El Dr. Armand Puig está convencido que provinieron de Persia. En su pormenorizado estudio sobre el nacimiento de Jesús, el teólogo recuerda que “Arabia” se entendía en la antigüedad como el antiguo reino nabateo, en el que se encontraba Damasco, al este de Perea y Judea. “Un detalle histórico remacharía la idea de su origen persa, y es el cuadro de la Natividad en la iglesia de Belén”, describe. “Cabe recordar que en el año 614, los persas no la destruyeron durante su invasión a Tierra Santa porque vieron en ella imágenes de los tres sabios con atuendos típicos de su país”, añade.

En el libro The Star of Bethlehem del astrónomo Mark Kidger (Princeton University Press, 1999), se concluye que la estrella que Melchor, Gaspar y Baltasar siguieron, no fue ningún cometa, sino probablemente una Nova -que Kidger bautiza como DO Aquilae- que además fue constatada por astrónomos chinos y coreanos en marzo del año 5 antes de Cristo.

Teniendo en cuenta que Jesús nació entre el invierno del año 7 y marzo del 6 tiene todo el relato que escribe Mateo sobre cómo los tres sabios siguieron la estela y llegaron a tiempo de adorar el niño Jesús. Un tiempo que hubiera permitido a los tres sabios cruzar Oriente para llegar antes que la familia de Jesús abandonara Belén.

Los astrónomos chinos y coreanos que detectaron “un objeto celeste muy brillante” se situaría en las modernas constelaciones de Capricornio y Aquila y hubiera sido visible aproximadamente durante tres meses. Primero al este, cuando la hubieran visto en una posición baja; y después al sur -Belén está al sur de Jerusalén, según un cambio astronómico de 90 grados de sureste a suroeste.

Para el Dr. Armand Puig la estrella de Kidger y los testigos coreanos completan el sudoku de las fechas. La Nova que propone Kidger es un “elemento de plausibidad histórica” alrededor del nacimiento de Jesús no del momento de su nacimiento, sino que dataría la llegada a Belén de unos sabios astrónomos (o astrólogos) de Oriente entre marzo-mayo del año 5 aC, cuando Jesús nació muy probablemente entre el 7 y 6 aC. Este intervalo de un año y medio a dos años cuenta con un aliado extraordinario y es el plazo que Herodes marcó para masacrar a los niños después del nacimiento de Jesús: dos años (Mt, 2, 16).

Buscando el camino de los Magos: los Magos habrían podido seguir la Ruta del Incienso que unía Egipto con la India atravesando la Península Arábiga. Según esta hipótesis, la ciudad de Hadramut, en lo que hoy es Yemen, habría sido el origen del recorrido de los Reyes Magos, que habrían cruzado la Península Arábiga para llegar a Egipto y después a Belén de Judea.

Otras teorías apuntan a Persépolis (en lo que hoy es Irán) como inicio del recorrido de los Reyes Magos para adorar a Jesús. De ser así, habrían cruzado Irak, Siria, Líbano y Palestina en un largo viaje de cerca de 2.000 kilómetros. Otros, en cambio, creen que el origen podría haber sido la antigua Babilonia en la actual Falluja. Este camino reseguiría el río Éufrates enlazando las ciudades de Tadmur, Damasco, Amán, Jerusalén hasta dirigirse a Belén.

Un grupo de unos 60 expedicionarios de diferentes religiones recreó en el año 2000 el posible itinerario que podrían haber seguido los Reyes Magos de Oriente. Su largo viaje en camello, de unos 1.600 kilómetros, duró 83 días en los que atravesaron Irak, Siria, Jordania y Cisjordania para llegar a Belén.

Fiesta de la Epifania, o dia de los Reyes Magos

Epifanía, voz griega que significa "manifestación", pues el Señor se reveló a los paganos en la persona de los sabios de Oriente. Los Reyes Magos encuentran a Dios y le ofrecen lo mejor. La actitud de postración frente a la presencia de Jesús nos indica el gozo que brota de un corazón que sabe reconocer la presencia del Señor y se postra para reconocerlo y ofrecerle lo mejor que se tiene.

He aquí el significado de cada regalo que recibe el Niño Dios de parte de los tres Reyes Magos y a lo que este nos invita.

ORO: El oro es el regalo que se da a los reyes, el metal más preciado, sirve para reconocer la realeza y grandeza de esa persona. La reina de Saba otorgó este regalo al rey Salomón.

Ofrezcamos a Dios el oro de nuestras buenas acciones, el cuidado de nuestros niños, niñas, jóvenes y adolescentes.

INCIENSO: El incienso en la Biblia, así como en la cultura hebrea y judía se usaba para ofrecérselo a Dios, Por tanto, es una prueba de la divinidad de Cristo, ofrecerle incienso, como a un auténtico Dios.

Ofrezcamos el incienso de nuestra oración por las familias, para que, a ejemplo de del hogar de Nazaret, nuestras casas sean un ejemplo de amor, perdón acogida, sencillez y humildad.

MIRRA: La mirra la usaban los judíos para embalsamar los cadáveres, pero también se usó como perfume para las personas, es símbolo entonces de lo humano, de lo material, de lo carnal.

Nos viene a enseñar que Cristo se hizo carne, humano, verdadero hombre, y murió por nosotros, por eso, necesitó ser embalsamado con mirra. Ofrezcamos a él nuestras debilidades humanas para que sean transformadas en la grandeza de su gloria.

 


viernes, 18 de diciembre de 2020

- Mosaicos de ángeles en la iglesia de la Natividad

Quienes amamos al Pueblo de Israel, tener que ir a tierras árabe/palestinas, hoy gobernadas por quienes no aman a Israel, e incluso muchos quisieran destruirlo,.. nos supone una verdadera dificultad. Por ello incluyo en este punto el texto recibido de un amigo israelita: "Belén de Judea es importante para el cristianismo porque así lo es para el judaísmo. Belén de Judea fue la ciudad de nacimiento de un judío también muy famoso y que sí llegó a ser Rey: David.
Belén de Judea es tan judía como lo son Jerusalén o Hebrón.   Que Belén sea hoy una ciudad palestina es porque Israel aceptó los Acuerdos de Oslo para salvar vidas y no porque exista algún vínculo histórico-religioso palestino. Y mucho menos podemos aceptar las afirmaciones de la propaganda palestina cuando escriben y repiten: "Jesús era un palestino".

Restauración de la Basilica de la Natividad de Belén. En septiembre de 2010 se firmó el acuerdo entre las tres instituciones responsables de la basílica: el Patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén, la Custodia de Tierra Santa y Patriarcado armenio ortodoxo de Jerusalén. Teniendo en cuenta los fondos disponibles, se puso en marcha de inmediato la restauración Las obras se iniciaron el 15 de septiembre de 2013 y la primera fase concluyó en marzo de 2015.

Es de especial interés la restauración de los mosaicos murales (125 metros cuadrados) y del pavimento, en las 50 columnas (28 de las cuales tienen pinturas al fresco del siglo XII que representan santos monjes.  En diciembre de 2017 ya se había instalado un nuevo sistema de iluminación y otro para la detección de humos.  La restauración del nártex permitió retirar un apuntalamiento de madera instalado en los años treinta del siglo pasado, durante el mandato británico.



La restauración de los mosaicos de las paredes finalizó en junio de 2016 con la restitución de los colores brillantes de los mosaicos y con una sorpresa: salió a la luz un séptimo ángel, que se daba por perdido y que se reencontró gracias a una técnica llamada termografía (técnica que consiste en explorar superficies sólidas para buscar obras escondidas por el paso del tiempo o el abandono). Después se trabajó en las columnas y en los mosaicos del pavimento.

La idea es concluir las obras a finales de 2019, pero faltan por recaudar más de 2 millones de euros para financiar la última fase de los trabajos que, en casi una década, han devuelto la limpieza, la eficiencia y la luz al complejo basilical de la Natividad en Belén.



Expertos italianos en remodelado pictórico limpian con meticulosidad un mosaico de ángeles. Las piedras trabajadas recobran la viveza y luminosidad arrebatada por el tiempo y contrastan con la opacidad de lo que aún no se ha recuperado.

Para restauradores como Silvio Sciortino, esto no es simplemente una tarea. “Me siento totalmente honrado, tenemos mucha suerte de trabajar en un lugar como éste“, expresa.

El equipo cree que lo más importante es preservar la huella del tiempo, “los restauradores están sensibilizados con la conservación del patrimonio, esta iglesia ha evolucionado con la civilización, ha crecido con la gente, y eso se está plasmado”, señala Stephane Milovitch, franciscano encargado de la revisión de las obras.

Los fragmentos restaurados brillan ahora en los muros blancos, sobre la cabeza de los visitantes, transfigurando este sitio del cristianismo contruido en una gruta en donde María dio a luz a Jesús.

Sobre el muro de la izquierda de la nave, siete ángeles bordeados de oro parecen haber llegado de pronto para velar por los peregrinos. Cada uno se encuentra entre dos ventanas, símbolo de la luz divina. Uno de ellos, de más de dos metros de alto, fue descubierto debajo de una capa de yeso durante la restauración. Sobre los ángeles y enfrente, otros mosaicos representan los diferentes sínodos, así como los ancestros de Jesús.

"Estos mosaicos fueron hechos con hojas de oro colocadas entre dos placas de vidrio", explicó Marcello Piacenti, quien supervisa los trabajos a cuenta de la empresa privada italiana Piacenti. "Sólo los rostros y los miembros están realizados con pequeñas piezas de piedra". 
"Cuando se entraba antes (de la restauración) en la iglesia no se podía ni distinguir que eran mosaicos". Inicialmente, los mosaicos cubrían la totalidad de los muros. Algo raro: la firma del jefe de obras y del artista todavía están visibles. En el coro, Santo Tomás, incrédulo, tiene su dedo en la herida de Cristo antes de la crucifixión.

En oposición, el oro y los colores se mezclan para reconstituir la llegada del Cristo a Jerusalén: los habitantes cubren el camino con palmas y abrigos, la entrada de la Ciudad Santa se desprende en el horizonte"Cuando los descubrí luego de la restauración me quedé sorprendido", asegura el padre Asbed Balian, superior de la Iglesia armenia de la Natividad, una de las tres Iglesias del lugar.

Debajo de los mosaicos de la nave, los restauradores recuperaron pinturas que datan de la misma época, sobre las columnas. Entre 1127 y el fin del siglo XII, los peregrinos ricos pagaban a artistas para que representen a los santos de sus familias o de su región en la iglesia. "Estos apenas se veían", cuenta Marcello Piacenti. Ahora se ven perfectamente las siluetas en las columnas rosadas. Sólo faltan los rostros, borrados por los musulmanes luego de la conquista islámica.

La Basílica de la Natividad actual fue construida poco después por decreto de otro césar, Justiniano, cuando el cristianismo ya era la religión oficial del Imperio. Por fuera tiene un aspecto macizo, pesado, propio de una fortaleza, y es algo deliberado para favorecer su perdurabilidad; hasta la puerta se hizo angosta, con la intención de evitar que se entrara a caballo, algo bastante habitual antaño.

En cambio, el interior presenta la ordenación basilical romana clásica, con una nave principal y dos laterales a su vez subdivididas en otras dos por filas de columnas. Paredes y suelo estaban cubiertos de mosaicos. Al final están el coro y el ábside.



De cada lado del primero bajan dos escaleras monumentales hacia la gruta subterránea, un recogido lugar de pequeñas dimensiones (13 metros de largo por 3 de ancho) donde se halla el punto exacto donde nació Jesús: está marcado con un agujero decorado con una estrella de plata de 14 puntas.

Adosada a la basílica, que es ortodoxa, hay un templo católico de estilo gótico tardío (la Iglesia de Santa Catalina); ortodoxos, católicos y católicos armenios tienen acceso al complejo, regido en común por sus respectivas iglesias.

Numerosos turistas y peregrinos llegados de todas partes del mundo son obligados a hacer una inclinación de su cabeza para poder acceder por la diminuta entrada de la Basílica.

Es muy particular el ingreso a la Basilica ya que desde afuera se ve una fortaleza, uno prácticamente puede caminar por delante de ella sin reconocerla. Esto es así ya que en la época de los cruzados se edificó una fortaleza para protegerla. Esta Basilica fue reconstruida solo una vez desde que fuera construida por Santa Elena, madre del Emperador Constantino en el siglo IV. Posteriormente fue ampliada. 

Pero no llego a ser demolida en la invasión Persa (destruyeron prácticamente todas las iglesias) dado que en el frente tenia un mosaico representando la llegada de los Reyes de Oriente, Sabios de Oriente, o Reyes Magos al verlos vestidos como Persas creyeron que era un lugar de adoración propio.

Aquí mismo San Jerónimo tradujo por primer vez la Biblia y tuvimos la gracia de celebrar la eucaristía. Esto fue antes de ingresar al lugar del nacimiento propiamente dicho, el mismo esta en una parte de la Basilica que esta manejada por Cristianos Ortodoxos. Es aquí donde todo comenzó, solo pensar que esta cueva de animales cobijo al Niño lo deja a uno sin aliento.

Siguiendo los pasos de la Sagrada Familia recordemos que el Sagrado Niño nació en una cueva, pero la Sagrada Familia, a días de haber recibido al Nińo recibe un nuevo mensaje y es el de emigrar a Egipto. Pero… ¿dónde se quedaron esos días entre el nacimiento y la huida?. La respuesta esta a escasos metros de la Cueva del Nacimiento (Basilica de la Natividad en la actualidad). Hoy se conoce el lugar como Cueva de la Leche, pero es en realidad el lugar que habitó la Sagrada Familia mientras estuvieron en Belén. 

Uno ingresa al lugar y es recibido por un cartel que reza “Mother of God pray for us” – “Madre de Dios reza por nosotros”, es que estamos ingresando en la casa de María en Belen. En esta casa hay alguna capillas menores, aunque una dedicada a Santa Maria de Jesús Crucificado de quien hablaremos después, pero al final de la casa, es decir en el punto más retirado del ingreso a la misma y tal y como es costumbre en la actualidad entre los habitantes de esta región, hay una cueva más pequeña donde la Virgen amantaba al Niño. En dicha cueva la Virgen derramó una gota de leche de su seno materno, transformando el color oscuro de la roca en un blanco purísimo.



- La matanza de los niños inocentes

Quienes amamos al Pueblo de Israel, tener que ir a tierras árabe/palestinas, hoy gobernadas por quienes no aman a Israel, e incluso muchos quisieran destruirlo,.. nos supone una verdadera dificultad. Por ello incluyo en este punto el texto recibido de un amigo israelita: "Belén de Judea es importante para el cristianismo porque así lo es para el judaísmo. Belén de Judea fue la ciudad de nacimiento de un judío también muy famoso y que sí llegó a ser Rey: David. Belén de Judea es tan judía como lo son Jerusalén o Hebrón.   Que Belén sea hoy una ciudad palestina es porque Israel aceptó los Acuerdos de Oslo para salvar vidas y no porque exista algún vínculo histórico-religioso palestino. Y mucho menos podemos aceptar las afirmaciones de la propaganda palestina cuando escriben y repiten: "Jesús era un palestino".

- La matanza de los niños inocentes, El relato del evangelio de Mateo 2, 16-18 trata sobre la orden dada por Herodes I el Grande de ejecutar a los niños nacidos en Belén y menores de dos años. Según el pasaje de Mateo, Herodes dio esta orden al verse engañado por los sabios del oriente que habían prometido proporcionarle el lugar exacto del nacimiento de Jesús. 




“Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.».(Mateo 2, 16-18)

El relato inspiró numerosas obras artísticas, en particular en la pintura y escultura, y su difusión en la cultura universal tornó la figura de Herodes en el arquetipo de los opresores, que no dudan en cometer crímenes, incluso el asesinato múltiple de víctimas indefensas, por miedo a perder el poder.



Se celebró misa este 28 de diciembre en Belén, justo sobre la tumba de los Santos Inocentes: una de las pequeñas grutas bajo la iglesia de Santa Catalina de la Natividad en Belén, en la capilla de San José. Asistieron los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, junto a religiosas, fieles locales y peregrinos.

Durante su homilía nos recordó que el sufrimiento no está lejos de la alegría de Navidad, puesto que al día siguiente ya nos encontramos celebrando al primer mártir, san Esteban. En esta festividad de los santos Inocentes no hacemos memoria solamente de las criaturas que Herodes hizo asesinar, sino de todas las que hoy en día son asesinadas cuando el individualismo y la búsqueda de enriquecimiento provoca sufrimiento y muerte de inocentes.

Al medio día, como cada día, la comunidad hizo la procesión que, partiendo de la iglesia de santa Catalina va hacia la gruta del Nacimiento y, desde allí, pasa por las grutas adyacentes. La última estación que suele detenerse en uno de los altares de alguna de las grutas, esta vez lo hizo ante el altar de los Santos Inocentes, especialmente engalanado para la ocasión.
Los sepulcros de los santos niños inocentes de Belén, junto a la Capilla a ellos dedicada

En esta fecha se recuerda a los niños asesinados por mandato de Herodes, tras el nacimiento de Jesús, por miedo a ser derrocado. Durante la masacre de todos los hijos varones menores de dos años, como narra el evangelio de Mateo, San José fue avisado en un sueño para que huyera a Egipto con Jesús y María y el sitio donde tuvo el sueño es precisamente donde se celebra la liturgia.



El vicario habló de todas las preguntas que podríamos hacernos en relación con este suceso: ¿Por qué Dios salva a Jesús y no a todos los niños de Belén?. ¿Por qué los niños son considerados mártires, aunque no tomaran ninguna decisión? «La razón de esta aparente incoherencia de Dios solo puede entenderse a través de la encarnación de Jesús». El gran paso que todos debemos dar es salir de la lógica humana. «En la Cruz, Jesús demostró que él no destruye a sus enemigos, pero es Él quien vence. Y no como nosotros habríamos esperado»: Dios da valor propio a la muerte inocente, como dio valor a la muerte de Jesús. En el relato bíblico  Herodes I el Grande es «el arquetipo de todos los sanguinarios» que no dudan en sacrificar a los indefensos. De allí proviene el sobrenombre por antonomasia de «inocentes».



Anselm Grün escribió que Herodes actuó por miedo: temía a Jesús niño a quien los magos de oriente designaron como el rey de los judíos recién nacido: «Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mateo 2, 3). El poderoso tenía miedo de que lo nuevo pudiera quitarle poder: «Herodes tenía poder sobre la tierra y sobre los hombres. Pero éste no era la expresión de su fuerza interior, sino que estaba acuñado por el miedo. Por él, asesina cruelmente a todos sus rivales [...] Por su temor hace matar a todos los niños de hasta dos años de edad. Herodes está atrapado en su miedo. Y su política, la que él ejerce, es una política de miedo. Y así difunde por doquier a su alrededor únicamente terror. Los hombres que se aferran a su poder por miedo abusan del poder. Y solo pueden mantener su reinado al infundir miedo».

-Pedro Ignacio Fraile Yécora, señala: “Herodes es el prototipo de todos los opresores que asesinan solo por miedo a perder un ápice de poder. En los inocentes de Belén vemos una realidad que siglo tras siglo, década tras década, empaña la historia de la Humanidad y se torna en rostros concretos, independientemente de las razas o religiones. La matanza de inocentes es una realidad que no podemos negar, de la misma forma que cada época ve surgir un nuevo faraón-Herodes que hace de la vida humana un objeto de trabajo, de libre uso o de placer, sobre el que decide según su conveniencia. Los santos inocentes están vivos hoy y siguen mostrando sus rostros perseguidos.



La brutalidad del episodio está en armonía con el carácter de Herodes, tal como Josefo lo describió (Antigüedades judías, 15.3, 3 § 53-56). Josefo presentó a Herodes como un ser patológicamente celoso de su poder: varios de sus familiares fueron asesinados por orden suya, ya que sospechaba que trataban de suplantarlo. No cabe duda de que Josefo quiso describir a Herodes con los tintes más oscuros que le fue posible, y resulta difícil de explicar la ausencia de la matanza de Belén en Josefo, excepto suponiendo que no tuviera noticia alguna de ella. En consecuencia, habría que tomar en consideración la posibilidad de que los incidentes del capítulo 2 del Evangelio de Mateo sean una presentación simbólica de la mesianidad regia de Jesús, a la que se oponen los poderes seculares. La oposición a Jesús terminaría por lograr sus fines con su pasión y muerte.

Misa de los santos inocentes, en las grutas de la Basilica de la Natividad, junto a su capill

Antonio Piñero señaló que muchos estudiosos dudan de la «historicidad» del relato en el sentido moderno del término, y que se suele considerar una reelaboración de otras narraciones del Antiguo Testamento: ”Herodes que busca cómo liquidar a Jesús y la matanza de los inocentes sería una aplicación a los tiempos primeros de Jesús de la historia del malvado Faraón que quiso acabar con Moisés niño y que mataba a los recién nacidos varones de los israelitas (Éxodo 2 y siguientes). [...] No hay que extrañarse de este procedimiento para nosotros hoy tan singular que se ha denominado «historia teológica»: existían en la Antigüedad muchos modelos y precedentes para ello. Una vez que pasados los años se conocía la grandeza de tal o cual personaje, se confeccionaba a base de tradiciones más o menos fiables, o incluso de leyendas, una historia de su nacimiento en la que se ponían de relieve las circunstancias prodigiosas, maravillosas, divinas, del tal nacimiento. Así ocurrió con el rey persa Ciro (narración compuesta por Heródoto), con Alejandro  Magno (por Plutarco), o con el filósofo Apolonio de Tiana (por Filóstrato).

En el Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo se señala que, si bien existe la posibilidad de que el relato no sea histórico, posee cierta verosimilitud y recuerda el decreto del faraón de matar a todos los primogénitos varones israelitas (Éxodo 1,16), un clásico ejemplo del genocida abuso del poder. En el caso de que el relato sea histórico, el número de niños asesinados no tendría que haber pasado de veinte.

Tumbas de los niños inocentes asesinados por Herodes, en la capilla a ellos dedicada en Belén

José María Cabodevilla sugirió el significado que este crimen pudo tener para Herodes I el Grande: “Pero los clamores de Raquel no llegaban a oídos de Herodes. Acababa de retirarse, presa de terrible enfermedad, a las caldas de Callirhoe, junto al Mar Muerto. Su corazón, además, no era sensible a clamores de esa naturaleza. ¿Qué podía importarle a él la muerte de veinte o treinta hijos de pastores sin nombre? La ejecutoria de su reinado se compone, sobre todo, de hazañas criminales. Apenas conquistó Jerusalén y se instaló allí como rey, ordenó matar a cuarenta y cinco partidarios de Antígono, su contendiente. Mató a su cuñado Aristóbulo, a los dos esposos de su hermana Salomé, a su propia suegra Alejandra, a su mujer Marianne, a sus hijos Alejandro y Aristóbulo. A sabiendas del terror y hostilidad que su persona despertaba, con el fin de evitar la alegría del pueblo en el momento de su muerte, ordenó a sus más íntimos colaboradores que, cuando él muriera, pasaran por las armas a incontables judíos ilustres que previamente habían sido concentrados en el hipódromo de Jericó. ¿Que suponía para este monarca, sanguinario como nadie, la sangre de treinta niños? Quizá verdaderamente supuso mucho. ¿Para bien o para mal? Los más sagaces historiadores, que quizá descubran aún nuevos crímenes a cuenta del famoso rey, no podrán jamás revelarnos los últimos minutos de aquella vida atroz [...]

Ya en la segunda mitad del siglo IV se conmemoraba litúrgicamente a los santos inocentes como aparece en homilías de Gregorio Nacianceno,​ y de Gregorio de Nisa,​ en ambos casos vinculadas a la celebración de la Natividad. Entre finales del siglo IV y mediados del siglo V, la festividad se asoció además en Occidente (Roma, África) con Epifanía, relacionándola con la adoración de los magos.​ De allí se supone que durante el siglo V se instituyó el culto propio a los santos inocentes: el Sacramentario leonino (485 dC) ubicó la festividad junto con las de san Esteban y san Juan. La festividad terminó por fijarse para el 28 de diciembre, en tanto que los griegos la celebran el 29 de diciembre, los sirios y caldeos el 27 de diciembre, y en el rito mozárabe el 8 de enero.​

Esas fechas no tienen relación con el orden cronológico del acontecimiento: en el rito romano, la festividad de los niños inocentes (considerados mártires por sangre solamente, sin que hayan deseado el martirio) se celebra hoy dentro de la octava de Navidad, junto con la de Esteban el protomártir (mártir por voluntad-amor y dolor), y Juan el apóstol y evangelista (mártir por voluntad-amor, pero sin que el martirio ocurriera finalmente). Así lo explica Cabodevilla: “En los días consecutivos al nacimiento (Navidad) celebramos la memoria de los compañeros de Cristo: Esteban, mártir en el deseo y en la realidad; Juan, mártir en el deseo pero no en la realidad; los Santos Inocentes, mártires en la realidad, pero no en el deseo. No solo forman el más inmediato cortejo del Cordero degollado, sino que son sus cooperadores en la eficacia victimal.” 

Los armenios ubicaron la celebración de la festividad el lunes después del segundo domingo de Pentecostés (Menología armenia, 11 de mayo), porque creen que los santos inocentes fueron masacrados quince semanas después del nacimiento de Jesucristo.